El nuevo periodismo

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¿Qué es lo que ha pasado con los medios de comunicación que han ido perdiendo el cariño a pasos agigantados de sus audiencias? ¿Por qué ha sido tan difícil para éstos encontrar la fórmula que les permita, especialmente a los impresos, generar ingresos que los haga sostenibles a futuro?

La coyuntura actual de los medios es una triste paradoja. En estos tiempos que corren de internet, cuando el apetito por la información es más voraz que nunca, la industria tendría que estar en su ciclo más boyante. El ecosistema tecnológico tejido en los últimos 30 años era el componente perfecto para consolidar aún más al llamado cuarto poder en el siglo XXI. No obstante, la situación, tanto a nivel nacional, como internacional, es totalmente opuesta: abundan los despidos masivos, los recortes se volvieron rutina, los cuestionamientos de la audiencia se han multiplicado y cada vez se cierran más medios por su inviable situación.

La pregunta que muchos se hacen es si el periodismo tiene futuro. En el último año y medio en Colombia han salido más de 500 personas de empresas periodísticas; entre 2009 y 2017, las redacciones estadounidenses perdieron el 23% de sus reporteros y, en España, los principales periódicos del país han solicitado a sus equipos reducirse los salarios.

La lista de malas noticias es larga, y podríamos ocupar toda esta columna citando los nubarrones oscuros que se posan sobre la industria, pero la idea es responder a la pregunta. ¿Hay futuro? Claro, dicen algunos, miren si no al New York Times, con más de 4,3 millones de suscriptores solo en digital. El problema es que NYT solo hay uno y su modelo es prácticamente imposible de replicar.

No sé si el periodismo tal cual lo conocemos hoy en día tenga futuro. Al ser preguntados sobre qué es el periodismo, el 99% de los que trabajamos o hemos trabajo en medios respondemos siempre lo mismo: “informar de forma objetiva a la ciudadanía y, sobre todo, fiscalizar al poder y a los poderosos”.

La pregunta es: ¿es este el periodismo que la gente está demandando? A la luz de las cifras de lecturabilidad y número de suscripciones, uno diría que no.

Quizás la clase de periodismo que defendemos, aquel que derriba ministros y presidentes, que expone a los corruptos, que polariza y azuza, sea ese mismo periodismo que nos está condenando al ostracismo. Quizás nos hayamos empecinado en que nuestro concepto de buen periodismo sea únicamente este y con ello estemos ignorando lo que la audiencia en realidad esté necesitando. La reinvención de los medios no es simplemente repensar el negocio desde su operación, desde los números, sino también desde la concepción del oficio. Lo que la audiencia quiere no necesariamente es lo que nos dicta el espacio de las cinco notas más vistas, que casi siempre son frivolidades.

El éxito de las empresas en la economía moderna radica en que resuelven una necesidad al cliente. Ahí está el ejemplo de los startups de Silicon Valley. O inclusive el de Rappi, que entendió la necesidad ciudadana de tener a la mano un mandadero. Los medios, hoy, no le están resolviendo nada al ciudadano.

La fiscalización está muy bien. No debe dejarse de hacer. Tumbar a un ministro alimenta el ego, muy bien, hasta da premios, pero ni está salvando al medio ni tampoco resuelve la necesidad que tiene hoy el ciudadano. Urge el nacimiento de un nuevo periodismo.

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