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Liderar en la Era de la Economía Digital

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El mundo está cambiando exponencialmente gracias a lo que se conoce como la cuarta revolución industrial: Carros autónomos, monedas virtuales, automatización, robótica avanzada, big data, internet de las cosas, inteligencia artificial son sólo algunas de las tecnologías más representativas de esta revolución. Conviene, sin embargo, entender que así como la máquina de vapor desató la primera revolución industrial, hoy la información es el elemento esencial que está jalonando los impresionantes cambios tecnológicos que estamos viviendo. La información se ha convertido el nuevo petróleo del siglo XXI. De hecho, cinco de las empresas más grandes del mundo son empresas de información: Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft. Lo increíble es que la información sigue aumentando de forma exponencial. Hoy se crean cerca de 2,5 quintillones de bytes al día y en 10 años, cuando haya más de 150.000 millones de sensores conectados a internet, la información total en el mudno se duplicará cada doce horas.

Pero, ¿cómo es posible obtener valor económico de esta gran cantidad de datos? La respuesta es compleja pero puede decirse de modo muy general que los datos generan riqueza cuando sirven para mejorar la eficiencia en los procesos, predecir resultados futuros y tomar mejores decisiones en función de los objetivos trazados.

Un ejemplo puede ilustrar mejor lo que estoy diciendo: En Japón, una compañía de ropa con algoritmos de machine learning encontró patrones o relaciones no intuitivas que arrojaron como resultado que la empresa obtenía una maximización de sus ventas si sus tiendas se encontraban en un radio de 200 metros alrededor de una lavandería. Un resultado inesperado.

Todos los sectores de la economía pueden usar la información para mejorar su productividad. Es más, es un hecho que las empresas que no adopten rápidamente este tipo de tecnologías están condenadas a la desaparición como consecuencia de la pérdida de competitividad con respecto a las que sí lo hacen.

La economía digital, que no debe ser entendida como una parte de la economía, sino como la economía misma, trae grandes oportunidades para el crecimiento productivo, pero también enormes desafíos que debemos enfrentar como sociedad. Según el Foro Económico Mundial entre 2015 y 2020 se habrán perdido debido a la automatización 7,1 millones de empleos del mercado global. La conducción autónoma, por ejemplo, amenaza el trabajo de más de un millón de conductores que existen actualmente en Colombia en tan sólo una década.

En este punto vale la pena resaltar que no sólo el sector privado tiene grandes oportunidades en el contexto de la economía digital. Las herramientas tecnológicas van a ser de gran ayuda a la hora de mejorar las instituciones públicas. Gracias a políticas como la de datos abiertos el gobierno puede mejorar la transparencia y la relación con los ciudadanos. Los trámites pueden dejar de ser una tortura si logramos que con unos cuantos clicks se reemplacen las engorrosas filas y paseos por la burocracia estatal.

Todo lo que podamos hacer para movernos hacia la digitalización de la economía colombiana traerá resultados positivos y aprendizajes. En este sentido, es un acierto la creación del Viceministerio de Economía Digital que se encargará de guiar el proceso de adaptación que tienen que llevar a cabo todos los sectores económicos. Sin embargo, la principal estrategia es apostarle a la educación y la formación de talento TI.

La economía digital se nutre del talento y de la calidad de la educación en tecnología. Son los científicos de datos, los ingenieros, técnicos y tecnólogos electrónicos, los arquitectos de software, los ingenieros de sistemas, entre otros, quienes impulsan con su trabajo la digitalización de nuestra economía. Es ahí donde está el gran desafío. Sólo satisfacer la demanda de la industria TI que crece al 13,4% anual requerirá 45.000 profesionales TI más de los que nuestro sistema educativo está entregando a la sociedad.

Si dejamos de ver los jóvenes como un problema y les damos educación en tecnologías de la información podríamos convertir a nuestras ciudades epicentros de la cuarta revolución industrial. Los beneficios económicos y sociales de esta apuesta podrían permitirnos dar el salto necesario para superar el modelo de desarrollo estractivista y afianzarnos como una de las economías más boyantes del continente.

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