El reporte del Dane sobre la caída de 9% del Producto Interno Bruto de julio, agosto y septiembre nos puso a hablar de recesión en Colombia, como no sucedía desde 1999. Y es que tradicionalmente se considera que una recesión sucede cuando hay dos períodos consecutivos de contracción de la economía (PIB), sin embargo esta regla es discutible.

Por ejemplo, en Estados Unidos hubo una recesión que inició a finales de 2007. Desde el tercer trimestre de ese año hasta el tercero del 2008 el crecimiento se mantuvo plano y se desplomó en el primer trimestre de 2009. Esta terminó a finales de ese año cuando hubo un débil crecimiento positivo, a pesar de mantener niveles altos de desempleo durante cuatro años.

No existe una respuesta fácil para determinar cuándo una caída en la producción llega a ser una recesión. Una muestra de ello es la recesión estadounidense de 2001, que tuvo dos trimestres de crecimiento negativo separados en el tiempo. Por eso, es necesario analizar cada caso en concreto habiendo pasado un poco más de tiempo.

Volviendo al caso de Colombia, el decrecimiento en el tercer trimestre de 2020 respecto al mismo periodo de 2019 se explica por una baja en los sectores de construcción (26,2%), explotación de minas (19,1%) y comercio (20,1%). Si ponemos la lupa en el gasto, el decrecimiento del PIB se da por una caída en las exportaciones (24,1%), las importaciones (21%) y en la formación bruta de capital (18,3%).

Sin embargo, en medio de este panorama, resulta positivo que respecto al trimestre inmediatamente anterior (abril, mayo y junio), el PIB haya aumentado 8,7%. Lo mismo sucede con la tasa de desempleo que si bien sigue siendo 8,6 puntos porcentuales mayor que en el mismo período del 2019, disminuyó respecto al trimestre inmediatamente anterior de este año cuando estaba en 10,3 puntos porcentuales.

Esto apunta a un posible rebote de la economía, lo que dificultaría categorizar la contracción como una recesión. Por eso, a pesar de que el segundo trimestre del año tuvo un decrecimiento de 15,8% seguido de uno de 9%, aún no es posible afirmar que Colombia está en recesión.

Pero más allá del debate que se ha suscitado sobre si estamos en recesión o no, lo que es claro es que aún es difícil categorizar la magnitud de la crisis ocasionada por el covid-19 y las prolongadas cuarentenas, así como la duración de sus efectos en el desempeño económico.

Hoy es determinante la política de gasto del Gobierno y su capacidad de presionar la deuda para reactivar la economía. En el corto plazo, el desempeño de la economía está determinado en gran medida por el gasto de los hogares, los negocios y el sector público. Al presionar la demanda, aumentaría la venta de bienes y servicios, aumentando la producción y la ocupación de la población. Esto sin desconocer que, como lo han señalado varios expertos, una reforma tributaria es inevitable, y posiblemente será más grande de lo esperado.

Con esto presente, si el Gobierno no toma medidas agresivas para hacer frente a las crisis, sean o no recesiones, pueden permanecer cicatrices en la economía por la destrucción de capital y alejar aún más la posibilidad de una reactivación generalizada.