.
Tribuna Parlamentaria 05/10/2021

Atornillados al poder

Catalina Ortiz
Representante a la Cámara

Pocas cosas son más odiosas que la forma como se repiten apellidos, familias y las mismas personas en el poder en nuestro país. A pesar de algunas iniciativas para limitar a los “atornillados”, es decir, aquellos que llevan años ocupando burocracia y devengando salarios públicos, en realidad poco avance hemos tenido como sociedad en el intento de lograr una genuina renovación política.

El tema se vuelve especialmente importante en vísperas de las elecciones presidenciales y de Congreso en donde muchos estamos ilusionados con una opción de centro que no solo sea más conciliadora, sino que renueve la esperanza. Difícil renovar la esperanza y capturar el interés y apoyo de la clase media si estamos dominados por los mismos personajes, los mismos apellidos y los cónyuges y familiares de quienes nos han gobernado por décadas.

El caso de un personaje como Roberto Gerlein, quien alcanzó casi 40 años en el Congreso y fue relacionado con numerosos escándalos; entre ellos, el reciente de compra de votos en la campaña de Aída Merlano es emblemático. También retumban nombres como los de Aurelio Iragorri, con más de 35 años en el Congreso; Camilo Sánchez; Faud Char; Efraín Cepeda; Juan Fernando Cristo; y Jorge Ballesteros, por nombrar solo algunos de los que tienen una manifestación nacional.

La llamada “nobleza colombiana” está compuesta por familias que se han perpetuado en el poder y heredan sus curules como si fueran posiciones dentro de la corte del poder nacional. Incluso, han sido objeto de estudio por la Misión de Observación Electoral y otros medios e investigadores mostrando cómo también la entrada de la Constitución del 91 ha servido poco para limitar a las élites políticas y sus delfines; como el caso de los Pastrana, los Serpa, los Lleras, los Gaviria y los Uribe, por mencionar solo a algunos.

Ahora muchos de nosotros estamos ilusionados con la coalición de centro, o Coalición de la Esperanza como un camino para una política desprovista de tanto vicio. Sin embargo, no podemos olvidar que el Gobierno Nacional tiene en esta materia muchos pendientes con la Consulta Anticorrupción en donde se quiso limitar a los atornillados en el poder. En ese sentido, recientemente se volvió a hundir el proyecto de ley que buscaba limitar los periodos de reelección de los congresistas, diputados y concejales a tres periodos -12 años-.

Esto se suma a los proyectos hundidos que buscaban reducir el salario de los congresistas y otros funcionarios públicos, disminuir las vacaciones, aumentar los tiempos de sesiones, y reducir los gastos de representación, entre otros. Negar el trámite de estas iniciativas es una muestra de desconexión con la realidad y sentimiento del país, y evidencia esas ansias de mantener a toda costa la burocracia y el poder en unos cuantos.

La única forma de renovar la política es votar a conciencia e informadamente. En el año entrante tendremos la oportunidad de votar para Congreso y Presidencia. La reflexión acerca de cómo contribuimos con nuestro voto a perpetuar (o no) a los que parecen eternos en el poder, debe hacer parte de las consideraciones para votar. Las roscas, el poder heredado, los políticos atornillados minan nuestra democracia y la credibilidad que tienen nuestras instituciones. En nuestras manos está dar la discusión y votar para cambiarlo.