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El gobierno nacional radicó el presupuesto de 2027 por un valor de $634,9 billones, lo que incrementa el presupuesto frente al del gobierno anterior en $59 billones, que según el ministro Gómez se debe en parte a gastos no cubiertos en el presupuesto anterior y a los recursos que demanda el terremoto que azotó el país en recientes días. En lo que el gobierno llamó el “presupuesto de la verdad”, la gran novedad es que el país, en razón a diversas causas, se ha quedado sin dinero para la inversión, que es al fin y al cabo el rubro que mueve la economía.
Vamos por partes; el funcionamiento del gobierno se come algo más de $392 billones, es decir que mantener el país andando nos cuesta 61% de lo que el gobierno gasta, y de esto un gran porcentaje (75%), lo constituyen las transferencias que se hacen con concepto de salud y educación. Lo que estas cifras nos indican es que en este rubro hay muy poco margen para recortar el gasto, ya que las transferencias son una cifra de ley que toca transferir. El restante 25% lo constituye fundamentalmente la nómina del gobierno, y ahí se podrá hacer un recorte del gasto aunque restringido.
El segundo gran renglón que contiene el presupuesto de gastos es el pago de la deuda, que para el año 2027 suma $155 billones, lo que significa un incremento de 54% con respecto a este año, y se lleva 24% del total del presupuesto. En este rubro no hay gran campo para variar las cifras, pues implicaría que Colombia renegocie su deuda, lo cual traería sin duda nerviosismo en los mercados nacionales e internacionales y es algo que hasta la fecha nunca se ha hecho en Colombia. El ministro Gómez Martínez habla de un reperfilamiento de la deuda para buscar plazos mayores y mejores tasas de interés, pero eso no será factible en el corto plazo, de manera que entre funcionamiento y deuda está comprometido 85% del presupuesto nacional.
Lo anterior significa que para inversión solo quedan $87 billones, algo cercano a 15% del presupuesto total, menor al de 2026. Es decir que la austeridad se verá en la inversión, disminuyendo aún más la participación de la inversión con respecto al PIB. A esto se suma que los otros motores de la economía, como el consumo de los hogares, también están disminuyendo, y las importaciones que, con un dólar barato, amenazan la industria nacional. El poco recorte que se pueda hacer en el gasto público y estos otros factores impactarán negativamente el crecimiento del PIB.
Ahora bien, ¿cómo se financia este presupuesto? El 47% del gasto se obtiene mediante el recaudo que hace la Dian por concepto de impuestos de renta, IVA y otros impuestos menores. El saldo del gasto tiene que ser cubierto en su mayoría con deuda, que bien puede ser interna o externa, que terminaría por agravar aún más el tema de endeudamiento que ya tiene agobiado al país.
Se avecinan 4 años muy complicados en materia económica, y resolver la situación que ha dejado el gobierno anterior requiere un manejo quirúrgico de las finanzas públicas que combine la austeridad y, al mismo tiempo, una visión de largo plazo de la deuda pública, sin que ello signifique traer muchos más dólares y agravar el tema de la revaluación del peso, que acabará por llevar a la ruina a los exportadores.
Este primer año de gobierno será sin lugar a dudas de incertidumbre y, aunque hay un entusiasmo de parte del sector privado para incrementar la inversión, ello dependerá en buena medida de factores como la inflación y la disciplina fiscal.
Hay edificios enteros que no se pueden mover por riesgo a que colapsen y produzcan más heridos pero su presencia es amenazante. Hay vidrios rotos colgando de ventanas por toda la ciudad