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Analistas 17/02/2026

La brasilización de Colombia

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

La revista The Economist trae un artículo sobre la deuda externa y el impacto que esta tiene en el déficit fiscal por concepto del costo de dicha deuda en Brasil, y alerta cómo la misma situación está sucediendo en otros países y se convierte en una bomba de tiempo para las finanzas públicas. Sin embargo, este recuento no incluye a Colombia, que está viviendo un fenómeno similar.

Colombia tuvo un gran endeudamiento en los últimos 10 años, al pasar de una deuda pública externa de US$66.158 millones en 2015 a US$144.546 millones (a noviembre), lo que significó un aumento de 118%. Aunque como porcentaje del PIB este no es un endeudamiento excesivo si se compara con los niveles de endeudamiento de los países ricos, sí es elevado en comparación con otros países emergentes de la Ocde. El problema, desde luego, no es el nivel de endeudamiento, sino el servicio de esa deuda y la capacidad que tenga el país de atenderla sin entrar en default.

El país en este momento tiene un déficit fiscal total para 2025 que, según el Comité de la Regla Fiscal, llega al 6,2% del PIB. Dado que no se aprobó en el Congreso ninguna reforma tributaria adicional y, hasta el momento, la Corte ha mantenido la suspensión de la emergencia económica, el déficit fiscal se incrementará en 2026. Ahora bien, si se tiene en cuenta el pago de la deuda a mediano y largo plazo, la situación puede llegar a ser crítica. Es cierto que, mediante el reemplazo de créditos, el Gobierno pudo disminuir este año el pago de la deuda externa, pero esto no se mantendrá en el futuro.

Según este diario, “el Gobierno enfrenta un pico de $130 billones en el servicio de la deuda en 2026 y una alta concentración de vencimientos hasta 2033. (…) Esta elevada carga de deuda no tiene precedentes en los últimos años y, además, entre 2026 y 2033 el servicio de la deuda interna se mantendrá en niveles históricamente altos”. Lo que ha hecho el Gobierno es patear el pago de la deuda, que les corresponderá a los próximos gobiernos, que además heredan un enorme déficit fiscal, haciendo que el crecimiento del país se vea seriamente afectado, porque tendrán que reducir el gasto, de manera que se generará un freno casi total a la economía.

Uno de los factores que ha hecho que el pago de la deuda no haya presionado aún más el déficit fiscal del actual Gobierno es un dólar barato. Si se tiene en cuenta que la deuda se está pagando con un dólar que se mantiene entre $3.660 y $3.750, lo que en parte ha sido un logro del Gobierno porque ha presionado el mercado cambiario mediante la monetización de grandes cantidades de esa nueva deuda, se ha logrado que en pesos el servicio de la deuda sea menor.

Todos sabemos que el peso está revaluado y lo más probable es que para mitad del año entrante el dólar esté en $4.000, y no podemos descartar que para finales de año y comienzos de 2027 esté por $4.500, lo que significaría un incremento en pesos en el pago de la deuda externa que oscila alrededor de 25%. Es poco probable que el aumento en el recaudo crezca de la misma manera, especialmente si la economía no crece por encima de 3%.

Lo grave no es solo que el escenario que se nos presenta para los próximos años en materia de finanzas públicas es oscuro, sino que no vemos en los candidatos un discurso coherente con la gravedad de la situación que les tocaría enfrentar de ser elegidos. Entendido está que nadie sale elegido prometiendo que se va a amarrar el cinturón, pero al menos debería demostrar que el déficit se resolverá con menor gasto y no con más deuda y mayor déficit fiscal.

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