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Analistas 05/03/2019

El desarrollo según Simón

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

La semana pasada estuve en un evento en el cual un joven millennial llamado Simón expuso a un nutrido grupo de empresarios su formula para el desarrollo económico de Colombia. Se trataba de la ceremonia de entrega del Empresario del Año que otorga el diario La República a un destacado emprendedor y que en esta ocasión recayó sobre Simón Borrero CEO de Rappi. La propuesta tiene el peso de provenir de una persona que ha demostrado tener una visión empresarial que le permitió a los 35 años de edad construir el primer “Unicornio” en Colombia.

Su visión de la Colombia que se debe construir se fundamenta en cuatro ejes. Primero el crecimiento acelerado, argumentando correctamente que tenemos que crecer a tasas más cercanas a 6% que a tasas de 2% y 3% si queremos llegar a ser una nación de ingresos medio en los próximos treinta años. El segundo aspecto es psicológico. Simón cree que para lograr ese crecimiento “hay que creérsela”, es decir, debemos superar la barrera mental del subdesarrollo que no nos permite pensar en grande. Punto muy válido en el país de los diminutivos!! Su tercer eje gira alrededor de la importancia de la inversión extranjera. Coincido con Simón ya que este capital, que es tan necesario para impulsar la nuevas iniciativas, es abundante en los países ricos y más bien escaso en los nuestros. Por otro lado, los capitales internacionales tienen, contrario a los nuestros, una mayor propensión al riesgo de las nuevas ideas. El último pilar de la teoría de Simón se construye con la formación del recurso humano (cosa que es bien sabida) con una visión “táctica”, que según pude entender quiere decir formación pertinente con las nuevas tendencias de la cuarta revolución.

Podría resumir la fórmula de Simón en dos verdades sabidas, y una audacia y una herejía con sabor a audacia. Las dos verdades sabidas son la necesidad de inversión extranjera y la certeza que la única riqueza que genera desarrollo es la del capital humano. Existe una correlación demostrada entre inversión extranjera directa y crecimiento económico tanto de capital de riesgo (caso Rappi) como de los capitales que llegan a formar nuevos desarrollo empresariales. Verdad sabida es que la educación es la base de desarrollo. Los países crecen por lo que saben, no por lo que tienen. Acordémonos de la maldición de los recursos naturales. Una gran herejía con sabor audacia es la afirmación que debemos crecer a grandes tasas como prioridad. Tanto los pensadores de derecha como los de izquierda se lanzarían a la yugular de Simón. Los primeros porque si bien coinciden que primero hay que crecer para poder distribuir (Reagonomics) su formación macroeconómica les indica “el potencial de crecimiento” que resulta ser una fórmula que señalaría el máximo al cual puede crecer la economía y más allá de ello no se es realista. A los de izquierda no les gusta porque prioriza el crecimiento sobre la distribución y argumentarían que ésta formula lleva los ricos a ser mas ricos y los pobres mas pobres. Yo coincido con Simón y creo que ello es posible sobre todo si abrazamos la última audacia que afirma que “tenemos que creérnosla”. Quién dijo que no éramos capaces. De dónde salió la peregrina idea que no podemos lograrla (como dicen los millennials). Son sin lugar a dudas barreras mentales que tenemos los de las generaciones anteriores.

En hora buena los jóvenes empresarios cuya prioridad no es la acumulación y tiene mayor sentido filantrópico están pensando con audacia en el país, a la vez que construyen riqueza.

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