Analistas

¿Colombia la más educada?

Colombia parece estar atascada en un una trampa que no le permite superar su dependencia de la minería y los productos primarios y cada vez parece más rezagada de la dinámica tecnológica que hoy impulsa al mundo. Oímos que la difícil coyuntura que vivimos se debe a la caída en los precios del petróleo y el carbón y no puede uno menos que recordar como en una canción de protesta de la década de los 60 los cantantes Ana y Jaime culpaban al Café y Petróleo de nuestro subdesarrollo; hoy seguimos en lo mismo Café y Petróleo!!!.

En estos muchos años que han transcurrido desde que esta canción fue símbolo de rebeldía, hemos abierto cientos de universidades y centros técnicos y tecnológicos de todo pelambre: de alta calidad, de baja calidad y de garaje. Para todos los teóricos del desarrollo es claro que la base de la transformación económica es la formación de un capital humano pertinente, lo cual no parece haber sucedido en nuestro país. Ante el tremendo boom de instituciones educativas deberíamos haber experimentado alguna transformación en nuestra estructura productiva pero ello desafortunadamente no ha sucedido.

Dependiendo de cómo se mida la tasa de penetración universitaria, Colombia aún está rezagada frente a países como Chile, Costa Rica, Argentina y Panamá donde cerca de 50% de los muchachos en edad universitaria está matriculados en centros de educación superior, frente a un 15% de Colombia. Pero yo diría que ese no es el principal problema que ha impedido que la formación de capital humano conduzca a una revolución en Colombia como ha sucedido en países asiáticos como China. El problema como ya se ha señalado muchas veces está en la pertinencia y en la brecha entre lo que enseñan las universidades y lo que requiere la transformación económica.

En primera instancia como bien afirma el ministerio “pese a las virtudes y a las necesidades manifiestas en este frente, actualmente sólo el 33% de la matrícula de la educación superior está representada por programas TyT (técnico y tecnológico) y aunque han sido múltiples los esfuerzos por motivar la conversión de esta pirámide, el sector educativo aún recibe los resultados de una baja valoración social y una demanda concentrada en la formación universitaria.”. El país sufre de una “doctoritis” que lo que ha generado es baja empleabilidad de profesionales con cartones que para poco sirven, y en el mejor de los casos empleos mal remunerados. Y en el mundo universitario, de los egresados solo el 23% provienen de áreas técnicas como la ingeniería. En resumen estamos graduando muchos abogados, muchos economistas y administradores y muchos contadores y muy pocos graduandos en las áreas que generan la transformación económica. Ahora bien los pocos que graduamos en las áreas técnicas salen con grandes conocimientos teóricos y poco conocimiento de la realidad empresarial. Existe una brecha entre lo que se enseña en las universidades y los profesionales que requiere el mercado. Esta queja la escucha uno de manera permanente por parte del empre- sariado que recibe a los egresados para entrenarlos a la realidad empresarial.

Si queremos salir de la trampa del atraso no necesitamos ser el país “más educado de América Latina”, sino procurar una educación acorde con las transformaciones tecnológicas del siglo XXI y en línea con la dinámica empresarial. Eso nos puede convertir en el país más dinámico y con mejor bienestar de América Latina.