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ANALISTAS 26/06/2026

La IA y el nuevo ciclo corto de las habilidades profesionales

A medida que la inteligencia artificial entra en más funciones del trabajo profesional, también cambia la forma en que se entienden las habilidades duras. Durante mucho tiempo, estudiar una carrera y dominar ciertas herramientas técnicas parecía suficiente para construir una trayectoria relativamente estable. Hoy esa estabilidad dura menos y esas herramientas cambian casi en tiempo real.

El Foro Económico Mundial estima que, de aquí a 2030, cambiará 39% de las habilidades clave del trabajo. PwC encontró además que, en los empleos más expuestos a la tecnología, las habilidades que piden los empleadores están cambiando 66% más rápido que en los menos expuestos. En los cargos junior más impactados por IA, esas vacantes son siete veces más propensas a exigir capacidades que antes se asociaban con perfiles más senior.

Claude Code, por ejemplo, es una herramienta que puede leer la base de código, editar archivos y ejecutar comandos de manera automática en el propio computador. Ese tipo de uso muestra que la relación con la IA ya no pasa solo por preguntarle cosas en un chat, sino por integrarla a tareas concretas dentro del trabajo. A medida que herramientas como esta entran en más flujos profesionales, varias habilidades técnicas siguen siendo importantes, pero cambian más rápido y se combinan cada vez más con criterio, supervisión y capacidad de trabajar con sistemas inteligentes.

Las profesiones tampoco funcionan ya como compartimentos cerrados. Un abogado necesita familiarizarse con herramientas de IA para investigar, revisar y organizar información. Un médico empieza a convivir con sistemas de apoyo clínico, análisis y documentación. Y en los roles digitales, la adaptación ya no pasa solo por aprender una plataforma nueva, sino por trabajar de forma cada vez más inmersiva con tecnologías que cambian el ritmo del trabajo.

Esa velocidad obliga a mirar de nuevo tanto la educación superior como la educación continuada.

En la universidad, un pensum que se revisa cada cinco años, e incluso cada tres, puede quedarse corto frente a un entorno donde plataformas, flujos de trabajo y herramientas cambian con mucha más rapidez. El problema no está en los fundamentos, que siguen siendo necesarios, sino en la distancia que puede abrirse entre lo que se enseña y la forma en que ya se trabaja en muchas profesiones.

Por eso la formación profesional ya no termina con el título.

La educación continuada tiene que volverse más híbrida, más corta y más flexible, con microcredenciales, módulos actualizables y espacios de aprendizaje que permitan medir su impacto real en el trabajo, en los negocios y en el uso de tecnologías que siguen cambiando.

Mantenerse vigente depende cada vez más de la capacidad de seguir aprendiendo mientras el trabajo se transforma.

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