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Productos para mercados

Mucho se ha hablado sobre la existencia de productos para mercados o mercados para productos; igualmente, se discute si la demanda hace que se den los productos, o al revés, es decir, si los productos generan demanda. La discusión es similar a la del huevo y la gallina, y la respuesta podría ser la misma: “depende del ángulo desde el cual se mire”. Son varios los casos en los cuales se da el hecho de existir un buen mercado, con clientes fieles, pero un mal producto; pero no para siempre, pues los clientes van desapareciendo si no se mejora rápido la oferta. Es el caso triste del fútbol colombiano, no por el producto en sí, sino por la actitud de quienes lo producen, involucrando a todos los que se han denominado cadena de valor.

También se ha dado y, se da, el caso contrario, o sea, un buen producto que desaparece, o no logra que el mercado se desarrolle adecuadamente, pero que es verdaderamente deseado, dándose ello bien sea por haber sido lanzado cuando no se debía, por acciones de la competencia, por regulaciones de tipo legal, por incapacidad económica del mercado, por errores en la distribución, inexistencia de inventarios, etc., como ha sido la pintura insecticida, la ropa elegante desechable y otros.

Hay productos necesarios, no deseados, para los cuales el mercadeo, tiene características interesantes, como los servicios exequiales, algunos exámenes médicos, los ataúdes y cofres de ceniza, algunos viajes de negocios, etc.
Existen necesariamente deseados pero no buscados, porque se requieren de manera repentina, como cirugías, medicamentos, y otros.

Son muchas las formas de clasificar los productos, cuando de mercadeo se trata, por lo cual la manera de implementar el accionar para formar y mantener los clientes no es la misma en todos los casos, lo que llevó al afamado profesor de las universidades de Harvard, Notre Dame y Boston College, James Culliton en 1948 a hablar del marketing como un recetario de cocina, que se utiliza dependiendo de las circunstancias y los invitados, lo que exige tener una variedad adecuada de recetas para mejorar los niveles de satisfacción y vida de la gente, y que sirvió para que Neil Borden hablara más adelante de la Mezcla de Mercadeo, que luego el profesor Jerome McCarthy convirtió en las 4 Pes.

Tangibles e intangibles, perecederos y no perecederos, de consumo e industriales, de primera necesidad y otros, de demanda primaria y de demanda derivada, de conveniencia, materias primas, componentes, de comparación, especializados, y más, son algunas de las maneras de clasificarlos para la toma de decisiones. Pero un caso triste es el del fútbol colombiano: un producto en decadencia por la acción que desarrollan quienes tienen a cargo el proceso de producción. Un mercado que quiere y desea un producto, pero que ve día a día cómo se deteriora.

Directivos que no piensan en el mercado, jugadores “payasos”, fingiendo y tratando de engañar permanentemente, de hacer tiempo y, preocupante, muy débiles, o al menos eso parece, pues cualquier roce es motivo de “dolores y contorsiones” para cortar el juego, ante la mirada permisiva de los árbitros, quienes a su vez cada fecha están haciendo de las tarjetas amarillas un feriado exagerando esas tarjetas que dañan el juego.

Además, comentaristas hinchas, y un exceso de comerciales que es insoportable. Definitivamente, el fútbol colombiano es un caso de mal producto para gran mercado.