Uno de los más grandes problemas que enfrentan las organizaciones del mundo, en todos los campos, es sin duda el de la complejidad en la que han caído, a pesar de las advertencias que tanto se han hecho y demandan los mercados, porque las cosas se volvieron más complicadas con la pandemia que este año hemos vivido.

La realidad muestra que la gran cantidad de teorías administrativas y de enfoques de mercadeo han sido, en buena parte, responsables de lo que se está viviendo. No parece que las opiniones de grandes personajes como Drucker, Levitt y otros, se hubieran atendido. Desde mediados del siglo pasado los citados gurús dijeron que la razón de ser de las organizaciones eran y son los clientes, las personas humanas, siendo ello expresado de manera aparentemente clara en las misiones y visiones que adornan tantas oficinas, y que la función básica de cualquier organización era y es el mercadeo por ser el área encargada de formarlos y mantenerlos, para lo cual la innovación es herramienta fundamental.

El cada día más fuerte afán de sobrevivir, y hasta de crecer, bajo las circunstancias actuales de incertidumbre, sumado a las modas que tanto hacen equivocar a las organizaciones, y los modelos y tendencias extractados en buena cantidad de libros y tratados, inclusive de personajes reconocidos, han hecho que no pocos cayeran en prácticas que no eran ni son las más convenientes para los mercados actuales, caóticos, impredecibles y con miedo, en los cuales se necesita acción rápida, por estar viviéndose un momento de falta de claridad por lo inesperado de lo que ha pasado en este 2020. Mucho menos para mercados emergentes, porque se genera el deseo de ser lo que no se puede y actuar como no se debe.

La pandemia ha dado origen a reinvenciones, diversificación, análisis excesivos, y más, haciendo de muchos procesos, en todos los campos, actividades muy complejas, sin necesidad de que así sean, de una parte, y de otra, a que el uso del mundo virtual, que ha generado el llamado marketing digital, haya tenido un crecimiento que nadie esperaba pero que, como se dice, llegó para quedarse, en un momento en el que se puede presentar como salvador de situaciones, aunque no de todas, porque su crecimiento exponencial y, en casos, usos discutibles, ha generado confusión, como lo ha demostrado el documental sobre el dilema de las redes sociales.

Como tantas veces se ha dicho, y se afirma en el libro de Jack Trout, ‘El poder de lo simple’, mientras más sencillas y obvias las cosas, más fácil para el mercado, además de lograrse con ello un nivel de competitividad más fuerte, siendo entonces necesario que el manejo de las comunicaciones mercadológicas tenga que ser hecho con mayor cuidado, sobre todo ante la omnicanalidad, que no significa tener que estar en todos los canales y medios sino en los que se necesita realmente, con contenido claro, sencillo y de valor para los receptores de los mensajes, haciendo además que el contacto con los mercados sea permanente, de fácil acceso, claro y conciso.

Los mercados se notan confundidos, sin mucha lealtad ni razones para que ella se dé.

Las neurociencias aplicadas al mercadeo han demostrado que mucho no es más y más no es mejor, pues la mente humana se resiste a aceptar tanto de todo, haciendo de lo sencillo y simple lo preferido; entonces, hay que volver a lo simple y obvio para ser más efectivos.