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En ‘El poder de lo simple’, de Jack Trout (1999), y ‘The Complexity Crisis’, que escribió John Mariotti en 2006, los autores alertaban sobre lo que se estaba (está) viviendo como consecuencia de la complejidad con la cual se han venido orientando y manejando las cosas en los mercados, y afirmaban que el mundo se vuelve más complejo y complicado por la cantidad de trámites, trabas y puestos, dizque para controlar mejor el día a día.
Dijo Mariotti en ese entonces que “la complejidad debilita, desmoraliza y desanima, que es lo que menos se requiere en el difícil mundo moderno; lo que se necesita verdaderamente es esperanza, optimismo, ideas, soluciones y, sobre todo, actitud positiva para la búsqueda, el logro y el desarrollo de las mejores soluciones”, para lo cual, comentaba, se requiere la participación de todos, en la medida de las capacidades de cada quien, siendo siempre conscientes de que la actitud es la base de las acciones y los resultados positivos.
Cuando Mariotti estuvo al borde de la muerte tras sufrir un accidente y los médicos que lo recibieron en el hospital le preguntaron si era alérgico a algo, respondió: “Sí, a la gravedad, a perderme el nacimiento de mi hija y a que me traten como si me fuera a morir”.
El principio de la reciprocidad se debe convertir en un compromiso de los mercadólogos: “Tráteme bien, facilíteme las cosas y le devolveré el favor”. Pero parece que las decisiones, en todos los campos, se toman en sentido contrario, porque la confianza en los otros, que se aprecia como consecuencia de las circunstancias que ha vivido nuestro país desde hace más de medio siglo, aumentada enormemente por el desgobierno anterior, que gracias a Dios terminó y del que se siguen conociendo más y más horrores todos los días, por decir lo menos, y de un sistema educativo que se fundamenta más en derechos que en deberes, entre otras cosas, es muy poca, poquísima, y vivimos en ese mundo, el de la desconfianza, la negatividad, la mediocridad y el conformismo. Menos mal el gobierno actual y la patria milagro que está tratando de construir pueden hacer variar las cosas.
“Las organizaciones suelen llegar a ser tan complicadas que una parte deshace lo que hace la otra”, afirmó Trout, y las prevenciones que se tienen han generado un exceso de trámites que complican y desesperan.
La burocracia mercadológica la constituyen los puestos y trámites que no sirven y estorban, haciendo que se dé más antimercadeo que verdadero marketing, el cual debe pretender siempre mejorar el nivel de vida de todos, sin excepción.
En el mercadeo que hoy se debe trabajar se necesita evitar, a toda costa, esa burocracia. Pero se sigue apreciando. Afortunadamente, en el Congreso está en trámite una ley que permitiría eliminar algunos pasos burocráticos que entorpecen muchas acciones y actividades, y que se espera sea aprobada pronto para bien de todos. Aldo Cívico comentó la semana anterior un caso que padeció con una entidad bancaria que parece vivir en el siglo pasado por la burocracia mercadológica. Y organizaciones de tecnología se toman casi un mes, además del llamado carameleo que dan, para reinstalar internet por cambio de residencia. Son apenas dos casos de los muchos que cada día se conocen, pero que a algunas organizaciones parecen no importarles, y siguen permitiendo que la burocracia mercadológica sea algo del diario vivir.
Fui invitado a presentar los avances de Colombia, que han sido mayores. Medida por los ocupados que cotizan a pensiones, la formalidad pasó de 29% a 46% entre 2006 y 2024. Es el doble del avance de la región
El petróleo crudo es una mezcla compleja de hidrocarburos. Para obtener productos útiles, se somete a un proceso llamado destilación fraccionada, en el que el crudo se calienta en un horno a unos 400 °C y entra a una gran torre
Y, para finalizar, del mundo de la empresa. Tome cualquier libro de 1900 a hoy y todos le dirán: “La competencia nunca ha sido tan intensa”. Y su jefe le dirá: “Este no ha sido un buen año”. ¿O alguna vez se le han acercado a decirle: “Nos fue bien, puedes relajarte”?