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La encuesta de expectativas del Banco de la República de octubre confirmó una tendencia que ya no puede interpretarse como ruido. Los analistas esperan que la inflación cierre 2026 en 6,85%, frente al 6,37% proyectado en la medición de enero. Desde marzo, han revisado al alza sus pronósticos en seis de las últimas siete encuestas. Para diciembre de 2027, la expectativa pasó del 4,82% al 5,19%, todavía lejos de la meta del 3%. Para el mercado, la inflación elevada dejó de ser un fenómeno pasajero.
La composición explica buena parte del ajuste. La expectativa de inflación de alimentos para 2026 pasó del 4,68% en enero al 9,26% en octubre, casi el doble, mientras que la de los precios regulados subió del 5,80% en marzo al 7,33%. Para 2027, el contagio también es visible: las expectativas de inflación de alimentos y regulados se ubican en 5,51% y 5,70%, respectivamente, ambas por encima de lo previsto a comienzos de año. La inflación sin alimentos ni regulados, que recoge en buena medida el comportamiento de los servicios, cedió desde el 6,68% registrado en enero, pero se mantiene en 6,04%, el doble de la meta. Para 2027, no bajaría del 4,85%.
Este panorama importa por dos razones. La primera es que la inflación y las tasas de interés permanecerán elevadas durante más tiempo. Los analistas esperan que la inflación anual de octubre suba del 6,29% al 6,38% y que la tasa de intervención aumente del 12,25% al 12,50%, nivel en el que se mantendría hasta finalizar el año. Prevén un primer recorte de apenas 25 puntos básicos (pbs) en junio de 2027 y una tasa cercana al 11,00% en diciembre de ese año. La segunda razón es que los choques que alimentan las expectativas inflacionarias no dependen exclusivamente de la política monetaria.
El conflicto en Oriente Medio impacta directamente los precios de los energéticos, mientras que la guerra entre Rusia y Ucrania mantiene presionado el mercado de fertilizantes. A esto se suma el incremento del salario mínimo, cuyas estimaciones oscilan entre el 8% y el 10% nominal, lo que presionaría los precios de los servicios, excluidos los arriendos. Estos últimos, por su parte, seguirán su propia inercia. La transmisión de la inflación total a la inflación de los arriendos durante el primer trimestre de cada año ha oscilado entre el 50% y el 80%. Así, con una inflación cercana al 6,85%, los ajustes contractuales podrían ubicarse entre el 3,4% y el 5,5% al comenzar 2027.
El fenómeno de El Niño completa el panorama. Su efecto sobre los cultivos mantendría la presión sobre los precios de los alimentos, mientras que el déficit que enfrenta actualmente el sistema interconectado nacional, sumado a la alta dependencia del gas importado, podría trasladarse a las tarifas de energía y, por esa vía, a los precios regulados. Según nuestros cálculos, El Niño llevaría la inflación del 6,2% al 7,0% al cierre del año, por encima del consenso del mercado, y la mantendría cerca del 6,3% en septiembre de 2027.
Frente a este escenario, la pregunta relevante para los ahorradores es cómo proteger su poder adquisitivo. La estacionalidad favorece una alternativa concreta. Los primeros meses del año suelen registrar las mayores variaciones mensuales de los precios, debido al ajuste del salario mínimo y a la indexación de precios. Esto hace atractivos los títulos indexados a la UVR y al IPC, cuya rentabilidad está vinculada a la evolución de la inflación. En el corto plazo, además, ofrecen un valor relativo superior.
Desde Aval Asset Management vemos oportunidades en la deuda corporativa indexada al IPC con vencimientos de hasta un año, con una rentabilidad estimada del 13,03% efectivo anual (EA), frente al 12,40% de la deuda a tasa fija y al 11,98% de la indexada al IBR. Además, su tasa interna de retorno (TIR) supera en 100 puntos básicos o más la de los títulos comparables del Tesoro Nacional (TES). Las tasas reales, por su parte, se encuentran cerca de sus máximos de la última década.
Esta estrategia no está exenta de riesgos. Una inflación inferior a la esperada reduciría la rentabilidad, mientras que una política monetaria más restrictiva o una menor liquidez bancaria podrían presionar al alza las tasas de la deuda corporativa. Aun así, ante unas expectativas que aumentan mes a mes y unos choques que el Banco de la República no controla, protegerse frente a la inflación también constituye una estrategia para rentabilizar un escenario que el mercado ya descuenta.
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