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Altillanura en transición

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Si hay un departamento que ha tomado en serio los retos de la sostenibilidad es el Vichada, según indica el desarrollo institucional más reciente, y la concentración de actividades exploratorias en temas agroindustriales, de infraestructura y turísticos basados en inversiones del fondo de regalías en ciencia y tecnología.  Se están construyendo y desarrollando las agendas de producción de conocimiento para orientar las transiciones que la altillanura está comenzando a experimentar y en las que Colombia apuesta gran parte de su credibilidad en las políticas ambientales. Se discute cada vez con más ahínco y fundamento el modelo de desarrollo de la región, que afortunadamente no depende la producción petrolera o minera sino de la forma en que afronte el reto de convertir una parte de un territorio silvestre en agroecosistemas de diversa índole.

La expectativa es incorporar al menos un millón de hectáreas (10 tiene el departamento, 4 de ellas en resguardos indígenas) a la producción de alimentos y materias primas de interés nacional y global con responsabilidad ambiental. La ciencia busca contribuir con escenarios en los cuales se simulan los efectos de tal transformación en el agua, el suelo, la biodiversidad, los pueblos indígenas, la sociedad e instituciones vichadenses de la actualidad. La apuesta por la sostenibilidad es práctica y concreta, y radica en saber qué componentes del territorio actual se transforman de qué manera y bajo qué criterios, y cómo se les hará seguimiento y ajuste: diseñar territorios seguros.

Hay margen de maniobra, hay voluntad. Por ejemplo, se inaugurará en pocas semanas el Centro de Investigación en Energías Renovables (Ciner) con inversiones superiores a los US$18 millones, cuyo funcionamiento está garantizado con las ventas de la energía solar que el proyecto producirá: falta que Colciencias y la comunidad científica nacional lo apropien y mantengan activo, incluso con alcances más amplios que los originalmente previstos (cuenta con auditorios de primera calidad, laboratorios, espacio de exhibiciones). Se cuenta con innovaciones en la producción forestal como las de la Reserva de la Sociedad Civil La Pedregoza, la pesca deportiva de bajo impacto de la Fundación Orinoquia Diversa, o el ecoturismo en los ríos Orinoco, Meta o Vita “guiados” por los delfines protegidos hace décadas por la Fundación Omacha, entre muchos otros.

Grandes inversionistas como Río Paila y Manuelita o Forest First se preguntan, en medio de conocidas controversias, por las mejores formas de establecer plantaciones, desarrollar agroindustria o nuevas ganaderías que no sacrifiquen los servicios ecosistémicos de los cuales dependerá su negocio y garanticen, con la autoridad ambiental, la equidad en la distribución de los impactos, así como su capacidad de adaptarse al caos climático que ya se siente. ¿Qué reclama la gente? Más espacios y mejores condiciones para la participación y el debate público, opciones de desarrollo rural integral, fortalecimiento de capacidades. Es indudable que lo que le pase al Vichada lo disfrutarán o sufrirán primero en el Vichada, por lo cual la noción de responsabilidad y distribución de riesgos es central a la toma de decisiones: se acumulan en la historia los pasivos ambientales, daños al patrimonio colectivo causados por actores públicos o privados que ya no están presentes y no responden.

Un Vichada sostenible sería un ejemplo de coherencia en un modelo de desarrollo sostenible para el mundo entero, desde el país que propuso los ODS.

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