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Analistas 14/04/2021

Fabricando fantasías

Armando Armenta Reales
PhD - Estratega de Portafolio - Mercados Emergentes Alliance Bernstein

En los próximos días la discusión sobre la reforma de solidaridad sostenible estará en la primera fila del debate nacional. Los opositores, muy seguramente, enfilarán sus críticas a la inconveniencia de aumentar impuestos sin haber dejado atrás los estragos de la pandemia. Sin embargo, la coyuntura actual no puede dejarse llevar por estos fabricantes de fantasías que menosprecian los riesgos de no actuar con la urgencia y la audacia con la que el gobierno ha propuesto al país este debate. Está en manos del Congreso estudiar como distribuir las cargas entre los diferentes grupos de contribuyentes, pero mantener la estabilidad económica aprobando esta reforma es condición necesaria para superar la crisis.

La primera fantasía resalta el efecto económico negativo, de libro de texto dirán los críticos, que tiene ajustar el déficit fiscal en una economía en medio de una recesión. Sin embargo, para países emergentes como Colombia, caídas pronunciadas de la actividad económica están relacionadas con el aumento del riesgo de futuras crisis fiscales. Esta es una diferencia sustancial con respecto a los países desarrollados. Un aumento en la percepción de riesgo crediticio contrarrestaría el efecto positivo en la actividad económica de una respuesta fiscal expansiva, agravando la crisis. El ministro Carrasquilla ha delineado una adecuada respuesta ante la coyuntura actual. La estrategia incluye un presupuesto de inversión pública claramente expansivo para el año en curso, aunado a la condición de atenuar el crecimiento de la deuda por medio del aumento gradual en el recaudo fiscal, a partir del año 2022 y a ser consolidado durante la próxima década. La expansión fiscal solo será exitosa si es posible prometer de forma convincente un regreso a la disciplina fiscal una vez la actual crisis haya sido superada.

La segunda fantasía describe un escenario internacional caracterizado por abundante liquidez que irrigaría a la economía colombiana sin importar si el gobierno es exitoso aprobando una reforma en el Congreso y manteniendo el grado de inversión. Nada más cercano a la fantasía. Solo es necesario ver de reojo lo que ha pasado en países como Brasil y Sudáfrica desde que perdieron hace un lustro su calificación de grado de inversión. En ambos casos la deuda pública ha crecido sin freno hasta alcanzar niveles cercanos al 100% del PIB en medio de recurrentes crisis fiscales, altos costos de financiamiento, bajo crecimiento y disminuciones continuas de la participación de inversionistas internacionales en el mercado financiero local. Valga resaltar que esto ha ocurrido en medio de condiciones financieras de amplia liquidez durante la última década.

La tercera fantasía es la inconveniencia política debido a la impopularidad de aumentar impuestos dada la cercanía de las elecciones de 2022. Este cálculo político es a todas luces ingenuo, casi miope. Añadir una crisis fiscal, como la que se precipitaría si no hay confianza acerca del requerido ajuste, a la situación de actual de emergencia sanitaria, social y de ingresos de los colombianos más vulnerables, solo le daría réditos políticos a los populistas que desean destruir el modelo económico actual para edificar sobre tierra arrasada sus trasnochados y fallidos ideales.

La comunidad de inversionistas extranjeros con horizontes de largo plazo, entre quienes me cuento, estaremos dispuestos a continuar financiando de manera estable y a bajo costo la recuperación de la economía en los años venideros. Aprobar la reforma fiscal propuesta y mantener el grado de inversión, sin embargo, se erigen como condiciones para mantener la estabilidad económica, financiera y política requerida, alejando los fantasmas de futuras crisis fiscales y consolidar la recuperación.