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Analistas 06/10/2021

Cambalache

Ariel Bacal
Consultor empresarial

Una de las experiencias académicas más interesantes que he tenido fue asistir en Shanghai a un curso de economía y mercados financieros en China en Nov de 2019. Estar en Shanghai es una experiencia única: los edificios modernos, las marcas de ultra lujo en cada esquina, la historia milenaria. Es como un parque de diversiones del capitalismo desenfrenado.

El curso lo dictaron dos economistas chinos de la universidad de Pekín y éramos una combinación de alumnos de varios países, entre ellos un grupo de alumnos locales. El primer módulo del curso estaba concentrado en demostrar la tesis de que lo que estamos viviendo no es un surgimiento de China como potencia, sino más bien un resurgimiento. Esto, basado en el hecho de que en 1820 China era un tercio de la economía mundial mucho más grande que Europa y USA juntos.

Los más interesante no fue lo que dijo el profesor, sino lo que no podía decir en público. A las preguntas sobre la veracidad de los datos económicos que emite el Gobierno chino o el porcentaje de deuda mala que tiene el sector financiero, él lo único que se limitaba a decir era: “No puedo responder eso en público” y en privado nos pedía excusas, pues varios colegas habían quedado sin trabajo por no adherirse a la norma de “calladito te ves mucho más bonito” que, pereciera, ellos estaban obligados a seguir.

¿Por qué les cuento esto? Porque lo que está pasando en China en los últimos meses es la respuesta del por qué a la censura. La eminente quiebra de Evergrande, el desarrollador inmobiliario más grande de China desnuda la “bomba nuclear” para la economía mundial que se esconde detrás de los rascacielos en Shanghai y en otras provincias de ese país.

Desde la crisis financiera de 2008 China basó su crecimiento en una burbuja de crédito y especulación inmobiliaria. Los gobiernos locales entregaron tierra como colateral para préstamos que invirtieron en proyectos de infraestructura.

El boom de construcción y la necesidad de mostrar crecimiento económico causó que varios proyectos inmobiliarios quedaron totalmente vacíos. Para ponerlo en perspectiva, en China hay apartamentos vacíos que podían albergar a 90 millones de personas. Si todos los colombianos nos mudáramos a China, tendríamos casi dos apartamentos nuevos. ¿Tremendo no?

¿Por qué es importante? Porque si comienzan a bajar los precios de las propiedades, los préstamos que se hicieron con ese colateral quedarían sin cobertura y desnudarían algo que hace tiempo es obvio para muchos. Que un porcentaje altísimo de estos no se van a poder pagar.

Así estamos, viviendo en esta prosperidad de “mentiritas”, donde los gringos emiten dinero a manos llenas y los chinos tratan de esconder debajo del tapete el orangután que tienen en su economía. Mientras la fiesta siga las utilidades se las reparten entre los pocos de siempre, pero cuando explote nos va a llover mierda a todos.

El cantante argentino Enrique Santos Discépolo en el tango Cambalache cantaba sobre el siglo pasado: “Pero que el siglo XX es un despliegue de maldad insolente, ya no hay quien lo niegue, vivimos revolcados en un merengue y en un mismo lodo todos manoseados”. Me pregunto: ¿Qué pensaría del siglo XXI?