Analistas 27/08/2020

Ciudades y municipios más inteligentes

Si preguntamos a los alcaldes de un país si sus ciudades o municipios son inteligentes, muchos dirán que sí. Pero si enseguida les cuestionamos qué tan inteligentes son, y en comparación con qué referente, la mayoría no lo sabría decir. Lo que no está cuantificado no debería ser cualificado bajo la emoción o subjetividad del interesado. Cuando se pretende calificar un municipio de sostenible y/o inteligente, debe serse riguroso y objetivo.

La Nueva Agenda Urbana de la ONU - Hábitat III presenta un cambio de paradigma en la planeación y gestión de asentamientos humanos, resaltando su vínculo con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en particular con el Objetivo 11 - Ciudades y Comunidades Sostenibles.

Cabe a las administraciones locales, en articulación con las fuerzas vivas de las comunidades, definir la ruta hacia el desarrollo sostenible de los territorios, y para eso urge conocer, inequívocamente, el punto de partida [Diagnóstico].

En los últimos años han surgido varias metodologías e índices para clasificar las ciudades en cuanto al momento de su “inteligencia”, sin embargo, en su mayoría están limitadas en su aplicabilidad, toda vez que están orientadas a una determinada región o país, o al conjunto de urbes que cumplan con determinados criterios demográficos.

Con el objetivo de orientar a los distintos actores en el proceso de desarrollo de sus territorios y brindarles las herramientas que les permitan conocer el punto de partida y diseñar su propia ruta de desarrollo sostenible, la ISO (Organización Internacional de Estandarización), desarrolló la familia de normas 37100 - Ciudades y Comunidades Sostenibles, generando varios estándares enfocados al tema, en particular a dar respuesta al Objetivo 11. La gran virtud de estas normas es su aplicabilidad transversal, no pretendiendo dar origen a rankings o índices, que resultarían únicamente en la frialdad y la injusticia de asignar un número a algo que es mucho más complejo, sino brindar una herramienta aplicable en cualquier contexto, que va a permitir desarrollar un aprendizaje comparado entre comunidades, independientemente de su génesis o localización.

Diagnóstico
En particular la norma ISO 37122 - Indicadores para Ciudades Inteligentes, permite, diseñar un Scmm (Smart City Maturity Model), Modelo de Madurez de Ciudad Inteligente, con miras a buscar el punto de partida a través de la evaluación de 80 indicadores de sostenibilidad, distribuidos en 19 áreas de análisis que convergen en las seis dimensiones universalmente aceptadas, de desarrollo de una ciudad (inteligente) - Economía, Infraestructura, Gobierno, Movilidad, Ambiente y (estilo de) Vida.

La primera etapa se materializa en un cuestionario para evaluación de los indicadores de sostenibilidad de la norma, con preguntas de respuesta binaria (sí/no). Se debe tener en cuenta que la norma exige que las ciudades reporten un mínimo de 50% de los indicadores, para la aceptación y validez universal de la metodología.

En la etapa siguiente, que engloba varias fases, se analiza la información recogida estudiando la madurez de cada indicador y comparando su nivel de desarrollo frente a una matriz estratificada, normalmente en cinco niveles, desde “inexistente” hasta “optimizado”. Posteriormente, se crean los procesos y mecanismos de control que permitan retroalimentar a lo largo del tiempo el conocimiento sobre cada indicador. Es frecuente durante estas etapas iniciales recurrir a modelos originados en las TIC, como el Cobit (Control Objectives for Information and Related Technologies), Itil (Information Technology Infrastructure Library) y Cmmi (Capability Maturity Model Integration) para estructurar los resultados.

El producto final se resume en una gráfica de Radar con las seis dimensiones, que permite fácilmente no solo reconocer el punto de partida, sino también acompañar el desarrollo del municipio, siempre y cuando, el concepto de Smart City sea abrazado en la perspectiva de un proceso holístico intemporal y retroalimentado, y no un proyecto con un principio, un desarrollo y un fin, que no lo es.

ISO 37122, Alumbrado Público e Internet de las Cosas (IoT) - una sinergia perfecta

Enmarcada en la dimensión Infraestructura Conectada Inteligente del modelo de desarrollo de comunidades sostenibles, ARQUILED desarrolló su propia arquitectura abierta de Smart City, sacando partido de la elevada capilaridad de la infraestructura de alumbrado público de una ciudad y de la posición elevada de las luminarias, para construir una red gestionada de luminarias y sensores que captan las más diversas señales en una ciudad, enviándolas a la nube (cloud) para su tratamiento y disponibilidad por parte del municipio a los ciudadanos y otras entidades, según el contexto.

Varios son los municipios que ya están utilizando esta arquitectura como herramienta de ayuda en el cumplimiento de los objetivos de la Nueva Agenda Urbana, y en muchos casos, iniciando ese camino a partir de la modernización de su red de alumbrado público. Hay dos buenas razones para ello.

El simple cambio de tecnologías convencionales de iluminación a tecnología LED, no solo reduce drásticamente los costos operativos de la red de alumbrado público, sino que produce un ahorro directo – de entre el 60% y el 65% - en la factura de energía del municipio. Cuando a la nueva infraestructura de alumbrado se le agrega una capa de gestión como la plataforma ECCOS que ARQUILED ofrece, adecuando el nivel lumínico según el contexto de utilización de la vía y de los espacios públicos, el ahorro energético puede llegar a un 85%. Este ahorro no solo permite, en la mayoría de las situaciones pagar tranquilamente la modernización de la red de alumbrado, sino que, en muchos casos, contribuye a ampliarla sin inversión adicional. Cuando el contexto legal permite establecer un contrato de concesión o de desempeño energético (ESCO) con terceros, se puede iniciar el desarrollo de la red de sensorización IoT del municipio, sin costos adicionales o bajo una inversión marginal, frente a los costos iniciales.

La sinergia existente entre el alumbrado público inteligente y la tecnología IoT es potenciada en los modelos de desarrollo Smart City basados en la norma ISO 37122, toda vez que estas tecnologías dan respuesta directa a 15 de los 80 objetivos de sostenibilidad del modelo, lo que representa cerca de 20% de los indicadores globales. Esta es la segunda razón, por la que gran parte de las iniciativas Smart City, empiezan en la modernización del alumbrado público y la implementación de un nuevo paradigma en su gestión.

Son ya varios los ejemplos donde un “proyecto de luz”, dio origen al pilar Infraestructura Conectada Inteligente del proceso de desarrollo sostenible de los municipios, donde la medición de la calidad del aire y del agua o la programación automática del circuito de recolección de residuos sólidos, entre otras capacidades, dejaron de ser servicios únicamente al alcance de las ciudades tecnológicamente desarrolladas.

Este es un modelo que permite democratizar el acceso de todos los municipios, independientemente de su condición, al desarrollo sostenible e inteligente.