En los ochenta, como en muchas economías actuales, el problema no era una catástrofe visible: era una incertidumbre que se alargaba y se volvía paisaje. Las organizaciones seguían operando, los resultados llegaban con dificultad
Ya no se compite por algunos segundos de scroll, sino por confianza, en un escenario donde la inteligencia artificial aparece no como un reemplazo, sino como un multiplicador del talento
Pero las economías que lideran no se limitan a preservar sus aciertos; los actualizan antes de que se vuelvan obsoletos