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Analistas 29/11/2022

Ideas para “salir jugando”

Andrés Pérez M.
Economista Jefe para Chile y Colombia del Banco Itaú

Las economías emergentes tendrán un escenario particularmente desafiante en 2023: las principales economías del mundo tendrán una desaceleración de la actividad más pronunciada que lo anticipado, la inflación - aun cayendo- permanece alta, y las condiciones financieras globales serán aún más restrictivas. Más allá de la baja en la trayectoria implícita en los precios de mercado posterior a los datos de inflación de octubre en EE.UU., es probable que la Reserva Federal continúe elevando su tasa de política desde 3,75 - 4,0% hacia 5,25% durante este ciclo.

Ya reflejando este “crunch” financiero global, el acceso a financiamiento vía mercado se ha tornado más difícil, y varios países han recurrido al “prestamista de última instancia” - el Fondo Monetario Internacional (FMI) - para asegurar recursos. De hecho, a fines de octubre el FMI acumulaba un stock total de préstamos a países miembros por US$140.000 millones, un récord histórico.

Escenarios de mayor estrés financiero y de eventuales restricciones a financiamiento en los mercados, terminan por afectar justamente a aquellos sectores más vulnerables de la población.

En esta coyuntura, ¿qué pueden hacer las economías emergentes? Definitivamente no es el momento de quedarse de brazos cruzados. Es clave asegurar la sostenibilidad y credibilidad del marco de política macroeconómica en un sentido amplio, de tal forma de mantener y acrecentar la confianza de los mercados.

Ello puede basarse en una batería de medidas tanto micro como macro, que apuntalen el crecimiento de mediano plazo: desde inversión en capital humano, pasando por la reducción de trámites administrativos para el emprendimiento, hasta la facilitación del comercio interno e internacional, por solo nombrar algunas medidas. En el caso de Colombia, se puede recurrir a las recomendaciones de expertos locales, así como el mismo FMI, Banco Mundial y la Ocde, entre otros. La experiencia acumulada en base a evidencia empírica es un buen punto de partida.

La inversión privada también es fundamental para el crecimiento en el mediano plazo, tanto para crear empleos formales como para dinamizar la innovación. Fomentar el ahorro y desarrollar la profundidad del mercado de capitales interno crean condiciones que facilitan la inversión.

Reducir la incertidumbre de política económica y velar por las instituciones es otro elemento crucial. Pensando específicamente en la región, el desafío fiscal es especialmente relevante, y deberá balancear las necesidades de corto plazo de la ciudadanía, al tiempo que se reitere el compromiso con la responsabilidad fiscal, y administración sustentable para las finanzas públicas, al alero de un necesario proceso de consolidación fiscal. Mejorar la eficiencia del gasto público es de primer orden.

En el intertanto, desde el punto de vista de financiamiento soberano, se puede avanzar en la diversificación de fuentes e instrumentos. En relación con esto último, varias economías han ofrecido exitosamente instrumentos temáticos -como los bonos verdes que han emitido Chile y Colombia-, instrumentos que tienen la ventaja de brindar acceso a nuevos nichos de inversionistas y a tasas competitivas.

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