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Analistas 03/06/2021

Operación Jaque Mate

Andrés Otero Leongómez
Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

Mientras el país celebraba uno de los golpes militares más contundentes a las Farc -y a Chávez- quitándoles el botín de los secuestrados, la izquierda latinoamericana, representada en el Foro de Sao Paulo, a lo Bobby Fischer, planeaba su jugada maestra. Entendieron que para llegar al poder no bastaban las armas y los secuestros, sino aplicar la combinación de todas las formas de lucha. Su estrategia incluía no solo apoderarse del negocio del narcotráfico para financiar la guerra -haciéndose millonarios en el proceso-, sino infiltrar todas las instituciones para desestabilizar el orden social y acabar con el modelo económico capitalista que tanto dicen despreciar, pero que gozan a sus anchas.

La realidad es que lo que vivimos hoy en Colombia no es producto de una reforma tributaria inoportuna y mal presentada, o de la protesta social, o de la falta de autoridad de Duque, o de un puñado de vándalos narcoterroristas enquistados en el sur del país. Es el resultado de una estrategia de más de 20 años en su ejecución y que ya ha llevado a varios conversos -incluyendo a gran parte de la clase dirigente- a replantearse el modelo socioeconómico del país. Plan maestro orquestado por ideólogos, estrategas, gobiernos extranjeros, sindicatos, narcotraficantes, periodistas y una mano de “idiotas útiles”, que insisten en vender la idea de que hay que escuchar a los jóvenes y cerrar la brecha de inequidad social que se acentuó con la pandemia. Si fuese así, ¿por qué no está incendiado todo el continente, desde México hasta Argentina?
Empezaron por estructurar un proceso de paz que les rindiera el país a sus pies. Permearon los organismos internacionales y la rama judicial, asegurando que sus delitos de lesa humanidad y sus actuaciones futuras tuvieran un velo de justicia social. Se tomaron la academia y el magisterio público, para adoctrinar a jóvenes y sacrificarlos como parte de la primera línea. Trataron de infiltrar las Fuerzas Armadas -como lo hicieron en Venezuela- y, como no pudieron implantar ese cáncer institucional, procedieron a destrozar la reputación y moral de la tropa.

Lo que sigue para la izquierda latinoamericana, encarnada hoy en Petro, es la completa desinstitucionalización del país, como quedó registrado en las encuestas de la semana pasada. Con el paro, están logrando la destrucción del aparato productivo y el empobrecimiento total de la clase media y de los menos favorecidos. Seguirán con la reestructuración del sistema pensional y de salud, para así quitarle el control a los bancos y quebrar el sistema financiero. Montados en el caballito de la corrupción, nos tratarán de convencer de que es necesaria una constituyente para lograr una verdadera reforma integral de la justicia, mientras debajo de la mesa meterán el mico de la reelección, para perpetuarse en el poder.

Al comienzo todos aplaudirán y se llenarán de júbilo, señalando las mentiras de Uribe y su tesis castrochavista, como hicieron con el plebiscito por la paz.
Una vez anestesiados, vendrá la toma de Ecopetrol y otras industrias estratégicas, marcando el fin del derecho a la propiedad privada y el libre emprendimiento. Cuando despertemos de la pesadilla habremos entendido que la partida la perdimos décadas atrás, el día que sacrificaron su primer peón.