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Analistas 14/01/2021

El Ministerio de la Verdad

Andrés Otero Leongómez
Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

La entidad burocrática a la que hace referencia George Orwell en la distopía caracterizada en su obra maestra ‘1984’, se asemeja mucho al momento que vive Estados Unidos y el mundo a raíz del poder irrestricto que ejercen las denominadas ‘Big Techs’, al suspender indefinidamente las cuentas de Trump, Parler y cualquier plataforma conservadora que quiera trasmitir su mensaje a raíz de los incidentes del pasado 6 de enero en el Capitolio de los Estados Unidos. Independiente de dónde uno esté parado políticamente, la pregunta es si es correcto que los gigantes tecnológicos tengan el poder para bloquear y censurar a quien vaya en contravía de sus intereses. Pregunta capciosa, pues solemos aplaudir cuando bloquean a nuestros detractores, pero nos salimos de la ropa cuando censuran a los que representan nuestras posiciones.

Un sector de opinión alega que -por ser empresas privadas- están en su derecho de definir las reglas del juego, de quién entra y quién sale, quién las usa y quién no, y qué transmiten y qué bloquean. Los gigantes de la tecnología basaron su reciente decisión en una serie de normas comunitarias definidas por ellos mismos que, según estos, buscaba evitar más violencia. La pregunta es ¿por qué no aplicaron el mismo criterio cuando el partido demócrata aplaudía las acciones de violencia de BLM y Antifa en las calles americanas el verano pasado? ¿o cuando De Niro y Madonna decían que tocaba matar al presidente? ¿o cuando los líderes de izquierda convocaban marchas y arengaban la violencia en Chile y Colombia en 2019? Ese doble rasero es lo que hace ver la decisión como parcializada y subjetiva.

Otro sector considera que las plataformas tecnológicas y las redes sociales ejercen un servicio público y social. Son medios de comunicación. Es la manera de informar y ser informados, de ejercer la libertad de expresión y de opinión, de proteger las libertades ideológicas, de cultos, de género y el libre desarrollo de la personalidad. Limitar su uso de manera preventiva o permanente debería ser únicamente definido por un juez según las normas de la respectiva jurisdicción.

Con esta intromisión, las Big Tech se están convirtiendo -como decía Orwell- en el Ministerio de la Verdad. Los defensores de la libertad de prensa que hoy aplauden la decisión por tratarse de Trump, ‘se están pegando un tiro en el pie’. La política es un péndulo y permitir hoy que un puñado de billonarios decidan quién, cuándo y cómo alguien puede utilizar sus plataformas de difusión, terminará por generar el efecto contrario y conllevará no solo a derogar la sección 230, ley que protegía a los gigantes tecnológicos de responder por el contenido en sus redes, -sino sin querer queriendo-, abrirá la puerta para que los gobiernos impongan limitaciones a la libertad de expresión.

Por eso como bien le decía Churchill a la Reina Isabel en la serie “La Corona”, lo más difícil para un monarca en épocas de crisis es ‘no hacer nada’. Nuestros soberanos tecnológicos deberían aprender algo de la única monarquía que ha logrado sobrevivir a guerras mundiales, crisis económicas, cambios de gobiernos, conquistas espaciales, guerras frías, prensa amarillista y avances tecnológicos, y dejar que sea el pueblo quien con sus votos, decida.