ANALISTAS

Apocalipsis Now
jueves, 9 de abril de 2020

Más columnas de este autor Andrés Otero Leongómez

Se ha vuelto común en política la premisa que ‘nunca puedes desaprovechar una crisis’, y el coronavirus no ha sido la excepción. En Estados Unidos y Colombia, entre otros, gobernantes locales, políticos de oposición, economistas, líderes de opinión y algunos medios de comunicación nos presentan una visión apocalíptica, pues vender miedo trae sus réditos.

Registran semana a semana el número de infectados y muertos -como si se tratara de algún deporte- y se vanaglorian de pronosticar la debacle económica y criticar las actuaciones del gobierno de turno, para hacernos creer que tienen la razón.

No minimizo la crisis en la salud que representa el Covid-19, pero es necesario lograr una justa medida entre muertes, desempleo y hambre, pues la medicina no puede ser peor que la enfermedad. No es momento para protagonismos, sectarismos o vanidades intelectuales. Hay que unir a la gente, trabajar de manera coordinada y buscar soluciones para minimizar los riesgos.

En materia de manejo de crisis, esta es diferente a las anteriores. No existe un plan de contingencia de tal envergadura, los datos disponibles para quienes toman decisiones cambian día a día y los gobernantes se encuentran abocados a elegir entre ‘la menos mala’ de las opciones.

En toda crisis, es importante: evaluar la amenaza y saber reaccionar; conformar un comité multidisciplinario que ayude a tomar decisiones con cabeza fría; y transmitir un mensaje preciso, claro y que genere tranquilidad.
Frente a la pandemia, muchos se demoraron, pero finalmente entendieron su magnitud. Conformaron equipos de expertos en el campo médico, inmunológico, logístico y económico, con el fin de analizar diferentes puntos de vista. En materia de comunicación, algunos se han equivocado emitiendo mensajes con tinte populista, otros por pasarse de optimistas, otros por ser excesivamente cautelosos, y otros más porque creyeron estar en una carrera de velocidad y no de resistencia. Pero a diferencia de lo que promueven las teorías conspirativas, no creo que estén actuando de mala fe o buscando un beneficio personal.

Lo que sí es claro, es que nadie estaba preparado. Ni los regímenes socialistas europeos con los mejores sistemas de salud pública; ni las potencias económicas como Estados Unidos, Japón o Alemania; ni los regímenes totalitarios como China o Irán; y muchos menos países latinoamericanos o africanos, que a duras penas logran cubrir las necesidades básicas de su gente. Pero estoy seguro que cada país está respondiendo de la mejor manera posible.

Al final, lo que viven nuestros gobernantes no es muy diferente a lo que vivimos cada uno de nosotros en nuestras empresas y hogares. Hay que ser precavidos, pero actuar con sensatez. Tenemos que enfocarnos en lo que podemos controlar y no angustiarnos por lo que está fuera de nuestro alcance. Ser generosos, ahorrativos y aportar a la solución. Habrá quienes querrán pescar en río revuelto, pero no es el momento de juzgar a los gobernantes ni hacer cábalas. Ya llegará el momento para eso.

Como sociedad moderna tenemos que aprovechar esta crisis para romper el molde y utilizar el talento, ingenio, adaptabilidad y resiliencia humana, con el fin de garantizar que en un futuro la tormenta nos encuentre mejor preparados.