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Analistas 21/04/2026

Usted es el enemigo

Andrés Guillén G.
Socio director Guillen & Guillen Abogados

Sí, usted y todos los que leen esta columna, y los que no también, lo somos del gobierno, y me refiero al Ejecutivo. Su obrar puede calificarse de “inteligente”, por no decir malévolo, porque vende un discurso en el cual supuestamente está para apoyar a la gran mayoría, pero la realidad es otra, aplicando aquello de que lo peor que uno puede hacer es graduar a alguien de enemigo, porque entonces termina ejerciéndole en contra.

No lo haga, no lo tilde de tal, simplemente llévelo, malinfórmelo, úselo para sus fines e ideologías, al mejor estilo maquiavélico.

Sin ser ni pretender ser un experto en materias tributarias, basta con hacer un análisis bastante ligero para encontrarnos con una carga impositiva que puede llegar a superar, en algunos casos, 80%, con improvisaciones, con un estatuto fiscal complicado, farragoso, ineficiente y lleno de triquiñuelas en contra del contribuyente; con unas autoridades tributarias y aduaneras absolutamente incapaces de luchar contra el narcotráfico y el lavado de dinero de manera eficiente; con un despilfarro que no hay que dudar en calificar como corrupción simple y rampante, pero, sobre todo, con una rama ejecutiva de espaldas al país, viviendo en una realidad contraria a la necesaria para buscar soluciones reales y eficientes, y que está llevando a ahondar la crisis, no coyunturalmente, sino estructuralmente, en las instituciones, en general, en los cimientos de la sociedad. ¿Cómo puede uno evitar llegar a la conclusión de que el Estado se ha convertido en el enemigo de todos? Difícil, por no decir imposible.

No se trata de ser de izquierda o derecha, de encajarse en pensamientos o teorías políticas o económicas; no, es algo mucho más sencillo: es de sentido común. Pregúntese usted: ¿hay incentivos, facilidades, beneficios reales para hacer empresa? Y la respuesta de fondo es no. Muchos dirán que hay normas y planes que facilitan y promueven la creación y funcionamiento de ciertas empresas, pero en el fondo y en la realidad no pasan de ser un maquillaje formal, pues todas las actividades económicas, de cualquier índole, hoy pasan por el filtro escrutador, impecable y, hay que decirlo, torturador del Estado.

Quisiera hacer una lista completa, pero son tantas las cosas que tengo la certeza de que me estoy quedando corto. Empiece por crear la empresa, bajo cualquier estructura jurídica. Hasta ahí es relativamente sencillo, pero luego comienza el calvario y el sinfín de requisitos, burocracia y costos, pasando por trámites ante las autoridades fiscales, ambientales, nacionales y locales; la pesada y densa estructura laboral con sus costos, comités, requisitos, reglamentos, etc.

Siga por los diversos registros, presentación de informes y controles de las diferentes entidades, y atrévase a meterse en el tema de inversión extranjera, en el cual existe una legislación aparentemente fácil y sencilla, pero en realidad y en el fondo está diseñada con exceso de formalismo y rigurosidad, de tal forma que, con una facilidad pasmosa y aun sin mala intención, se puede incurrir en una cantidad de sanciones supremamente cuantiosas.

Es que el tema no pasa solamente por la carga fiscal, sino por la cantidad y diversidad de leyes, trámites, requisitos y permisos, que no hacen sino desincentivar la inversión, castigarla, y al hacer eso no solamente perjudican a los empresarios, sino, en un grado mucho mayor y de más gravedad, a los trabajadores; es decir, finalmente perjudica y complica a todo el mundo.

Me pregunto: ¿de qué pretende el gobierno que vivamos los colombianos? ¿De los sueldos, contratos y burocracia que genera el Estado? Que en realidad no sirven para nada, no generan progreso, no crean estructuras sólidas y perdurables y, sobre todo, rentables, y que se pagan con nuestros mismos impuestos. Esto no es más que un círculo vicioso. Y todo esto se ha acentuado de forma perversa y grave con el actual gobierno de Gustavo Petro.

La historia se repite, el devenir de la civilización es cíclico, creo que es inevitable, pero, así como vamos, y con gobiernos de este estilo, rodamos en una franca y acelerada decadencia. Si bien los humanos hemos progresado, es inexplicable el porqué llegamos a permitir que nuestra organización social termine convirtiéndose en nuestro verdugo.

Ojalá los candidatos, diferentes al del gobierno, no se queden en discursos facilistas y entiendan que deben buscar soluciones estructurales, que, si bien pueden tener un alto costo de oportunidad, son necesarias e inaplazables.

¿Soluciones? Sencillas para empezar: voluntad política y simplificación normativa.
Remate. Daniel Quintero y Jorge Iván Ospina, del círculo de Petro e imputados, en altos cargos del gobierno. Cambie la i por una e en la palabra y así debemos estar todos.

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