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Celebro los recientes triunfos electorales por parte de sectores de oposición, primero en Chile, el domingo 6 de mayo en el marco de elecciones para conformar su consejo constitucional, y después, el pasado domingo 28 de mayo, en España, dando trámite a sus elecciones autonómicas y municipales.
Es claro que analistas y líderes políticos de estos lares, y allende el mar, querrán explicar esos resultados apegados al ¨marco conceptual¨, mecánico por demás, del péndulo oscilante entre izquierdas y derechas.
Es difícil renunciar a la diada izquierda-derecha, sobre todo cuando la comunidad iberoamericana de naciones está inmersa en el fragor y vorágine de una creciente polarización política, social y económica.
Los hechos sobrevinientes que acaecieron en Chile y España, imponen para muchos, en primera instancia, análisis rápidos y acciones rápidas.
Los análisis y acciones precipitadas, apegadas a categorías recalentadas como son las de izquierda y derecha, pueden conducir a torpezas; bien vale la pena evocar la sentencia poética del vate dominicano Franklin Mieses Burgos: “ Todo afán es inútil y toda ilusión es un crimen”
¿Qué tal que los resultados de Chile y España trasciendan el esquema pendular izquierda-derecha, y estén dando cuenta de un sentimiento e intención comunitaria, social y política, de hacerle frente a las dificultades de sus respectivas democracias, por la vía, no de aventuras antidemocráticas, sino, por la voluntad indeclinable de avanzar hacia más y mejor democracia?
De Ser así, sería una alentadora noticia, motivo para seguir esperanzados en la posibilidad de mejores escenarios económicos, sociales y políticos, para trabajar por la dignidad de las personas y por el bien común.
Avances de izquierdas cada vez más siniestras, corruptas, estadocéntricas y populistas, que quieren arrasar con todo porque para ellos no hay nada en el pasado ni presente que sea digno de reconocer y valorar, no se contienen ni se derrotan, ilusa y afanosamente, con derechas cada vez menos diestras, igualmente corruptas y populistas, que endosan los mercados a negociantes cazadores de rentas, y no a empresarios y trabajadores que generan verdadera riqueza económica y social; derechas quietistas que se resisten a cualquier tipo de cambio al predicar que todo viene bien del pasado, todo va bien en el presente y que en el futuro hay que seguir haciendo más de lo mismo .
Es evidente que en los países iberoamericanos personas y comunidades están buscando sostenibilidad económica, social, ambiental, energética y alimentaria y esas sostenibilidades todas, garantizadas y combinadas, son las que sientan las bases de la sostenibilidad democrática, única capaz de superar flagelos de pobreza, hambre, corrupción, inseguridad, daño ambiental y confusión de valores que remiten al bien común y la dignidad humana; este es el reto sustancial; las derrotas o triunfos contingentes de izquierdas o derechas y con algunos visos de populismos y caudillismos asociados, son anécdotas, situaciones adjetivas.
Colombia puede leer las enseñanzas de Chile y España en clave de garantizar más y mejor democracia, remozar la misma en las próximas elecciones regionales y allanar así, las elecciones nacionales de 2026.
Durante décadas, la ecuación dentro del sector tecnológico parecía clara: más ingenieros, más talento humano y más capital significaban más innovación. La inteligencia artificial está empezando a alterar esa fórmula
Según la medición del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga (Icp), el Centro Democrático obtuvo un lánguido puntaje de afinidad con la libertad económica de 68,94 en la Cámara y de 75,91 en el Senado, siendo un partido “parcialmente afín”
Esta polarización obliga a los países productores a redefinir sus alianzas comerciales bajo un clima de volatilidad extrema, donde la neutralidad es cada vez más difícil de sostener