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Las ciudades no se transforman de un día para otro. Lo hacen paso a paso, proyecto tras proyecto. En Bogotá, uno de esos pasos se llama TransMiCable Potosí, el sistema que se convertirá en el siguiente capítulo de la movilidad por cable en la capital y que reafirma algo que ya es evidente: el transporte aéreo dejó de ser una solución excepcional para convertirse en una herramienta estructural de movilidad urbana.
La ciudad ya tiene experiencia en este camino. El primer TransMiCable, en Ciudad Bolívar, demostró que un sistema por cable puede reducir drásticamente los tiempos de viaje, conectar barrios históricamente aislados y mejorar la calidad de vida de miles de personas. Hoy, mientras el cable de San Cristóbal entra en su etapa final, el proyecto de Potosí aparece como el siguiente eslabón de esa red que Bogotá viene construyendo para conectar territorios donde la geografía y la expansión urbana hicieron que las soluciones tradicionales fueran insuficientes. El nuevo sistema tendrá una longitud aproximada de 3,3 kilómetros, con cuatro estaciones (Portal Sur, Tres Reyes, Santa Viviana y Potosí) y una capacidad cercana a 4.000 pasajeros por hora en cada sentido. Su impacto será inmediato: el trayecto entre la parte alta de Ciudad Bolívar y el Portal Sur de TransMilenio podría pasar de cerca de 40 minutos a apenas nueve. Pero más allá de los minutos ahorrados, el verdadero valor de este proyecto está en lo que representa para una zona donde viven cientos de miles de personas (unas 600.000) que durante años han enfrentado desplazamientos largos, costosos y difíciles.
Pero el impacto de estos proyectos no se mide solo en movilidad. Cuando llega un sistema de transporte de este tipo, también llegan nuevas oportunidades. Se fortalecen los espacios públicos, se dinamiza la economía local, se facilita el acceso al empleo y a la educación y, sobre todo, se reduce una brecha histórica entre las zonas más tradicionales de la ciudad y sus zonas periféricas. Por eso, en muchas ciudades del mundo, el transporte por cable ha dejado de ser visto como un simple medio de desplazamiento para convertirse en una herramienta de transformación urbana y social.
Potosí se enmarca dentro de una visión más amplia de movilidad sostenible. Los sistemas de cable funcionan con energía eléctrica, generan bajas emisiones y requieren una huella urbana relativamente pequeña frente a otras infraestructuras de transporte. En un momento en el que las ciudades buscan soluciones más limpias y eficientes, esta tecnología demuestra que es posible combinar innovación, sostenibilidad e inclusión.
Además, Potosí representa una señal clara de continuidad. No se trata de un proyecto aislado, sino de la consolidación de una red de transporte por cable que Bogotá ha venido construyendo durante los últimos años. Es la confirmación de que la ciudad entiende que la movilidad del futuro no dependerá de una única solución, sino de la combinación inteligente de distintos modos de transporte.
Porque, al final, las ciudades no se miden por el tamaño de sus infraestructuras, sino por su capacidad de acercar oportunidades a sus ciudadanos. Y en lugares donde durante décadas la movilidad fue una barrera, proyectos como el cable de Potosí pueden convertirse en algo mucho más importante que una obra pública: pueden ser la conexión entre los territorios y el futuro de la ciudad.
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