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Para una mejor humanidad

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Aldo Civico Antropólogo y estratega de liderazgo

Esta temporada de Navidad, el tráfico se está volviendo aún más insoportable. Para movilizarnos de manera más ágil, le sugerí a Jesús, mi conductor, que confiáramos más en la inteligencia artificial que en sus múltiples años de experiencia y conocimiento de la ciudad. Se nos volvió un juego seguir la voz metálica de Waze. Nos quedamos sorprendidos de cómo el algoritmo de una aplicación en mi teléfono nos permitía eludir los tacos que se forman estos días. Mi conductor estaba sorprendido al descubrir calles y paseos que no conocía. Pensé, ya una aplicación reemplaza al conocimiento de mi conductor, y muy pronto los carros sin conductores volverán superfluos e irrelevantes a trabajadores como el de Jesús. Es el futuro que nos espera.

Esta perspectiva no tiene solo implicaciones para el empleo y la economía. El tema tiene también que ver con el papel del ser humano en un mundo donde la Inteligencia Artificial puede terminar abrumando a la humanidad. Vale entonces la pena preguntarse, ¿cómo podemos evitar ser devorados por la Inteligencia Artificial? ¿Cómo podemos asegurarnos de que los algoritmos estén al servicio de la humanidad y evitar que la humanidad se vuelva esclava de la tecnología?

Mientras hemos estado actualizando la tecnología, hemos estado degradando nuestra humanidad”, dijo recientemente Tristan Harris, a quien la revista The Atlantic ha definido como: “lo más cercano que tiene Silicon Valley a una conciencia”. Un experto en las éticas de la persuasión humana, Harris es el director y cofundador del Centro para una Tecnología Humana. En Google trabajó como eticista de diseño. Este experto está convencido que hasta el momento la tecnología está explotando y profundizando las debilidades de la humanidad, en lugar de estar alineada con sus intereses. Dice que la degradación tecnológica de los humanos es un problema sistémico. De hecho, hasta hora, los desarrolladores de tecnología se han centrado en mantener la atención de los usuarios el mayor tiempo posible. YouTube, por ejemplo, usa IA para crear un perfil artificial de los gustos y aversiones individuales de cada usuario en función de sus historiales de búsqueda y clics. Este avatar aprende qué contenido probablemente mantendrá a los usuarios enganchados y recomienda más de lo mismo. Por desgracia, estas recomendaciones automatizadas están muy sesgadas hacia contenido sensacionalista que provocan indignación. Dice Tristan Harris, “la tecnología, no tiene que abrumar a las fortalezas de las personas. Solo tiene que abrumar sus debilidades”.

Un amigo suele decirme que la quinta revolución será necesariamente una revolución humana. No se puede dar por sentado este destino. Mucho dependerá del nivel de consciencia que puedan desarrollar quienes financian y amplían la IA. Se trata de explorar cómo podemos volver más humana la tecnología. Por eso, dice Harris, en lugar de manipular las debilidades humanas, los desarrolladores de tecnología deberían comenzar a centrarse en ayudar a los humanos a convertirse en las mejores versiones de sí mismos.

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