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Liderazgo exponencial

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Aldo Civico

Una de las definiciones de liderazgo que más resuena conmigo es la sugerida por Gilles Pajou, quien fue gerente de una multinacional farmacéutica. Dijo Pajou, “liderar es crear un mundo al que las personas deseen pertenecer”. Frente a esta definición me pregunto de que manera la tecnología exponencial de la cuarta revolución industrial puede favorecer o dificultar el ejercicio de un liderazgo como lo propuesto por Pajou. La pregunta va de la mano con el riesgo que las tecnologías puedan no solamente fomentar más oportunidades, sino también profundizar la brecha de la desigualdad.

El gurú de Singularity University, el apasionado y optimista Peter Diamandis, considera que las tecnologías exponenciales son un gran instrumento de democratización. De acuerdo con Diamandis, estamos viviendo en la era de la abundancia cuando un empresario en Atenas tiene acceso a la misma potencia informática, el mismo conocimiento, las mismas posibilidades de recaudar dinero a través de la micro-financiación y la impresión 3D, a través de la nube, que un empresario en Silicon Valley o Israel. “Lo que importa es la voluntad, el compromiso, no la geografía”, dice Diamandis. El efecto democratizador de la tecnología es que una vez que algo esta digitalizado, más personas pueden tener acceso.

De esta manera, una tecnología poderosa ya no es de solo acceso a gobiernos o a elites económicas. En este sentido, podríamos decir que la democratización de la tecnología tiene un rol positivo y esperado para la creación de un mundo al cual las personas quieran pertenecer. El imaginario esperado por Diamandis es uno donde las tecnologías se vuelve un factor decisivo para encontrar nuevas formas de fortalecer el potencial humano.

Pero este escenario no es el único posible. Hay otro que es mucho más pesimista. El historiador Yuval Noah Harari nos alerta que “los algoritmos de Big Data podrían crear dictaduras digitales en las que todo el poder se concentra en manos de una pequeña élite, mientras que la mayoría de las personas no sufren explotación, sino algo mucho peor: la irrelevancia”, y advierte, “Es mucho más difícil luchar contra la irrelevancia que contra la explotación”.

Este es un escenario posible sobre todo si pensamos que una tendencia de los inversionistas en Silicon Valley se enfoca prevalentemente en la monetización de las tecnologías. Por ejemplo, las redes sociales hoy en lugar de fomentar la colaboración, la creatividad, y la conexión, se han vuelto máquinas de lucro, dedicadas a coleccionar datos sobre las preferencias y los hábitos de los usuarios.

¿Cuál es el diferencial entre los dos escenarios? Es la intención que esta detrás de las decisiones y de las acciones humanas. Es decir, la calidad humana y el nivel de consciencia de quienes desarrollan y emplean las nuevas tecnologías. Por eso, un liderazgo disruptor hoy es un liderazgo consciente que sabe aprovechar de tecnologías exponenciales, y de su potencial de democratización, para generar un mundo donde todos quepan y quieran pertenecer.

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