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La quietud de los grandes

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Aldo Civico - aldo@aldocivico.com Antropólogo y estratega de liderazgo

Warren Buffett se encontraba en un hotel en Omaha, Nebraska, conversando con unos periodistas, cuando un agente de seguridad subió al podio, se le acercó y le susurró algo al oído. El inversionista más importante de la historia escuchó con calma, mientras que el agente parecía estar al borde de un ataque de pánico. Luego de esto, Buffet habló y dijo que por la amenaza de un inminente tornado, que posiblemente iba a afectar el área, el hotel sugería a sus clientes refugiarse en una de las salas sin ventanas del edificio.

Algunos reporteros se levantaron para buscar refugio, mientras que Buffett anunció que iba a seguir conversando con los periodistas hasta que no hubieran más preguntas o hasta que el tornado se llevase el edificio. Observa el periodista Walter Kirn, quien compartió la anécdota en un perfil sobre Buffett en el The Atlantic Monthly, “Se queda quieto. Mantiene la cabeza mientras otros pierden la suya”. Warren Buffett personifica aquella quietud que los grandes líderes mantienen aún en los momentos más críticos.

En estos días, durante una conversación con el gerente de una multinacional, observaba que un equipo necesita de atletas de alto rendimiento ,y que la quietud mental de estos atletas en los momentos de mayor rendimiento es una variable constante. No hay alto rendimiento constante cuando nuestra mente es presa del estrés y de otras emociones debilitantes.

Cuando la quietud prevalece, estamos enfocados sin tener que esforzarnos para concentrarnos. Estamos atentos y somos espontáneos al mismo tiempo. Observa Timothy Gallway, en su libro The Inner Game of Tennis, “La imagen que me viene a la mente es la del movimiento equilibrado de un gato acechando a un pájaro. Atento sin esfuerzo, se agacha, juntando sus relajados músculos para el salto. Sin pensar en cuándo saltar, ni en cómo se empujará con las patas traseras para alcanzar la distancia adecuada, su mente está tranquila y perfectamente concentrada en su presa”. La quietud es el resultado del aprendizaje de múltiples habilidades internas.

Stephen Gilligan, un sicoterapeuta reconocido a nivel mundial por desarrollar el modelo terapéutico del “trance generativo”, habla de la quietud como expresión del estado “c.o.a.c.h” (“centered, open, aware, connected, holding”), o sea, de aquella realidad interior marcada por la habilidad de estar centrados, porque estamos conectados con aquel núcleo esencial de nuestro interior que está intacto y que nada, ni nadie, puede lesionar.

Es la habilidad de mantener el corazón, el cuerpo, y la mente abiertos, atentos tanto a lo que está pasando en nuestro interior, como a lo que pasa a nuestro alrededor; es la capacidad de ser conscientes, de estar presentes en el aquí y en al ahora, y de conectarnos con nuestros recursos interiores (que, dice Gilligan, comprende también la comunidad de nuestros ancestros); finalmente, es la capacidad de acoger, aceptar y abrazar la realidad que se nos presenta. Es este el estado desde el cual los grandes líderes nos guían, también en tiempos difíciles. Su acción es desde la quietud, porque lideran desde adentro hacia afuera.

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