Analistas

Y, ¿Ahora quién podrá defendernos?

Una de las bases más importantes sobre los cuales yo tiendo a organizar mi pensamiento es el hecho de que la demagogia es, quizás, una de las peores características de la raza humana. Que los humanos seamos soñadores es excelente, pero que no sepamos delimitar esos sueños es problemático para la estabilidad del mundo. Desafortunadamente, parece ser que la demagogia continúa siendo el menú de todos los días. Para la muestra, las elecciones parlamentarias de Grecia.

Considero que el ahora famoso Alexis Tsipras, líder de Syriza (partido de izquierda radical de Grecia), es la versión europea del "perfecto idiota latinoamericano". Este personaje se parece mucho al típico caudillo demagogo de Latinoamérica por una razón específica. Este señor está poniendo en riesgo el futuro de su país vendiéndole al pueblo, no bien informado, demagogia. Me explico: según el candidato de la izquierda radical, quien continúa puntuando en las encuestas, Grecia "ni puede ni va" a ajustar más sus cuentas fiscales, porque la economía continua contrayéndose. Claramente, ese comentario es en gran parte certero.

El ajuste fiscal sí está afectando violentamente el crecimiento de Grecia, pero ese no es el punto. El punto es que hoy en día no hay nadie que esté dispuesto a prestarle dinero a Grecia. Acto seguido el señor Tsipras argumenta, de una forma que recuerda el realismo mágico de García Márquez, que Grecia igual continuará siendo parte de la eurozona si él gana las elecciones. Mejor dicho, según Tsipras, así no se ajusten las cuentas fiscales, Grecia seguirá siendo parte del Euro, porque Grecia es corolario para el futuro de Europa.

Según el señor Tsipras, los griegos no deben preocuparse, pues una vez Grecia "alce la voz", Alemania "vendrá de rodillas" a pedirle a los griegos que acepten el dinero que les quiere enviar la comunidad económica. Valga decir que la economía de Grecia vale 2% del PIB europeo. No sé si es que yo soy muy desconfiado, pero sinceramente no veo como será posible que Ángela Merkel vaya a decidir irse a Atenas en los próximos días a arrodillársele en frente al líder de la izquierda radical, para pedirle que acepte el dinero de los contribuyentes alemanes. Por lo tanto, si los griegos nuevamente llegan a darle su voto a Syriza, a pesar de que, supuestamente, el 85% de los griegos quieren seguir siendo parte de la eurozona, pues entonces no le quedará más remedio al mundo que alistarse para la salida del país heleno de la moneda única.  

Que Grecia salga del Euro implica una catástrofe sin precedentes para la población griega. Si Grecia desiste de la ayuda de Europa para poder seguir funcionando, pues entonces esa economía colapsará de una forma jamás vista. Que Grecia salga del Euro implica que tendrá que reintroducir el Dracma, y esa moneda muy seguramente perderá más del 70% de su valor (versus el Euro) una vez comience a circular.

Este hecho implica que toda la deuda de las empresas de Grecia, que está en euros, entrará en cesación de pagos inmediatamente. El hecho también implicará que todos los bancos del país se quebrarán, implicando que la gente perderá Euro $160,000 millones en ahorros. La inflación volverá con fuerza a Grecia, y muy seguramente la violencia se desbordará.

En lo que tiene que ver con el resto del mundo, la cuestión es muy sencilla. Si los líderes de Europa entienden la gravedad del asunto, y responden a los ataques especulativos con emisiones de dinero ilimitadas y con garantías ilimitadas para los depósitos bancarios, entre otras políticas de emergencia, entonces la economía mundial podrá evitar el Armagedón. Ahora, si las autoridades demuestran falta de cohesión, entonces alistémonos, porque el Euro desaparecerá una vez veamos la quiebra de los bancos españoles e italianos. Y no existe banco en el mundo que pueda resistir la desaparición del Euro. Mejor dicho, ojalá Dios ilumine a los griegos.