Analistas

¿Y acaso qué diablos tienen que perder?

La semana pasada estuve en Hong-Kong y en Beijing en una visita de negocios. Una tarde después de dar una conferencia en Hong-Kong, la asociación de industriales que me invitó a dar la charla organizó una excursión para visitar un emblemático Buda en una de las islas aledañas. Para llegar al Buda toca ir en un teleférico que le permite a uno admirar el impresionante paisaje de Hong-Kong. Ese paseo también permite apreciar el tamaño de una de las obras de infraestructura más impresionantes que la humanidad haya visto en su historia: un puente de 55 kilómetros que une a Hong-Kong con Macao. Ese puente de 55 km tiene una peculiaridad: a eso de los 20 km de viaje entre Hong-Kong y Macao, el puente se convierte en un túnel de 7 km que se hunde en pleno mar abierto. Para lograr eso, los ingenieros tuvieron que construir una isla entera del lado de Hong-Kong y otra del lado de Macao. La razón de ser del túnel es el NO bloquear el paso de los buques interoceánicos que cruzan por ese canal. Confieso que cuando vi esa obra de infraestructura lo primero que se me vino a la cabeza fue el deprimido de la 94 en Bogotá….

En mis reuniones con diferentes contrapartes en China, oí la historia sobre el parque logístico de Chongqing. Chongqing es una ciudad en la mitad de la China que está viviendo una transformación impresionante de la mano de inmensas inversiones que está llevando a cabo el gobierno de China en conjunto con el fondo soberano de Singapur. La idea del gobierno de China y de Singapur es la de crear en esta ciudad el centro logístico de comercio exterior más grande del sudeste asiático. Según los expertos que conocí en Beijing, una vez esté listo todo este sistema logístico, que seguramente sucederá en apenas unos años teniendo en cuenta que los chinos lograron hacer ese puente del que les contaba en apenas cinco años, todas las exportaciones de café de Vietnam a Europa ahora pasarán por Chongqing, lugar donde aterrizarán los aviones de Vietnam y donde se embarcará ese café en trenes de alta velocidad que irán desde Chongqing a, digamos, Hamburgo, o quizás directo a la fábrica de Nesspreso.

Mientras esto sucede en Asia emergente, el energúmeno de Donald Trump amenaza con cerrar la economía de EE.UU. porque dizque el comercio internacional está matando al pueblo de EE.UU. El señor Trump es tan patéticamente ignorante, y valga decir que los que votarán por él son igual o peor de desinformados, que él de verdad piensa que a punta de amenazas logrará que Apple decida ya no hacer los IPhones con la ayuda de FoxConn, en China, sino que los hará, del alguna forma, en Mississippi. Este señor Trump no se ha ni enterado que ya hoy en día se venden más IPhones en China que en EE.UU. Tampoco se ha enterado que General Motors vende más carros en China que en todo Norteamérica combinado. 

Mientras EE.UU. se hunde en una patética discusión económica basada en el proteccionismo, China y sus socios asiáticos se toman el mundo. Desesperante situación. Pero es importante aceptar que el discurso de Trump es muy cautivador para muchos. “¿Qué tienen que perder? ¡Peor no pueden estar!”, le dice día de por medio el señor Trump a los votantes frustrados de EE.UU. ¿Qué no pueden estar peor? Pues solo imagínense lo que le pasará a una economía de EE.UU. cerrada una vez el centro logístico de Chongqing esté funcionando a capacidad.