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Una discusión extemporánea

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Colombia está cumpliendo un año de haber iniciado la implementación del TLC con EE.UU. y como era de esperarse, todo el mundo que disfruta del protagonismo ha dado su visión sobre qué tan bueno o qué tan malo ha sido el tratado de libre comercio con EE.UU. Hace unos días tuve la oportunidad de oír un debate al respecto entre el senador Robledo y el exministro de Defensa Gabriel Silva, en Blu Radio. Como era de esperarse, el senador Robledo despotricó sobre los efectos del tratado con cifras de importaciones de arroz en mano, mientras que el señor Silva trató de mostrar otras cifras más positivas sobre agroindustria y pidió paciencia para ver los resultados de la mejora de los niveles de comercio internacional. 

 
Lo que no hizo el exministro Silva, y que debería haber hecho desde el principio de la discusión, fue el NO haber forzado al senador Robledo a dar alternativas para la economía de Colombia diferentes a firmar un TLC con EE.UU., bajo la premisa de que el entorno globalizado en el que vivimos no tiene reversa. ¿O es que aún existe algún incauto que piensa que dentro de dos años el comercio mundial no habrá crecido otro 10% versus los niveles actuales? Seamos sinceros. La visión del senador Robledo es un anacronismo que, entre otras, mantiene al colombiano postrado en un pensamiento tercermundista. 
 
El señor Silva debería haber utilizado argumentos como el siguiente: “Senador, usted dice que Colombia importó mucho arroz de EE.UU., por lo tanto, el país se empobreció. Pregunta: ¿qué porcentaje de la comida que se consume en Emiratos Árabes Unidos es importada? ¿Qué porcentaje de la comida que consume Singapur se produce en Singapur?”
 
La discusión sobre la benevolencia del TLC de Colombia con Estados Unidos es extemporánea. El Senador Robledo parece ignorar que un IPhone de Apple tiene insumos que se producen en ocho países diferentes y que el 787 de Boeing tiene componentes de 45 compañías multinacionales. Decir que los TLCs son malos para Colombia es como decir que el país debe evitar que la telefonía celular avance, “no va y se quiebre la compañía de teléfonos de Bogotá.” 
 
Claudio Loser me contaba el otro día que según los cálculos de su compañía, Centennial Group, la productividad total de los factores de Latinoamérica solo creció, en promedio, un 0,2% año/año entre 1980 y el 2012, comparado con el 1% anual que creció la productividad en los países desarrollados en ese mismo periodo, y comparado con el 4% que se incrementó en Asia emergente. S¿aben por qué razón no ha crecido la productividad total de los factores en Latinoamérica? Entre otras, por el sesgo ideológico de personas como el Senador Robledo. 
 
Singapur era un charco hace apenas 50 años, y hoy es uno de los países más prósperos y ricos del mundo. Singapur no cultiva papa, ni arroz, ni maíz. Singapur cultiva inteligencia y transacciona con el mundo, importando la bobadita de un 185% de su PIB anualmente, comparado con el 19% del PIB que importa Colombia. Si, leyó bien, 185% del PIB. ¿Saben cómo logra esto Singapur? Pues exportando un +/- 190% de su PIB. Lo que no entiende el Senador Robledo es que entre más importación haya, necesariamente tendrá que haber más exportación, porque las exportaciones son las que financian a las importaciones.
 
En vez de gastar el tiempo en discusiones bizantinas como si el TLC con EE.UU. sirve o no, discusión que se asemeja a si se va a oscurecer a las 6:45pm o a las 6:55pm el próximo miércoles, los políticos colombianos como el Senador Robledo deberían dedicarse a ver cómo hacemos para que el 40% de los universitarios de Colombia estudien ingeniería y matemáticas (como en Hong Kong) y no derecho o  historia como lo hacen hoy en día. 

 

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