Analistas

Sin alternativas

Hace unos días me visitó acá en mi oficina uno de los financistas más inteligentes con los que he conversado en mi vida. La verdad es que la conversación sobre estrategias de inversión que tuvimos fue tan interesante, que merece una columna de opinión. Este personaje de ascendencia francesa comenzó la conversación contándome sobre una charla que había tenido recientemente con un director de portafolio de uno de los fondos soberanos más grandes del mundo. Me comentó este financista que el personaje le había contado lo difícil que se había convertido su trabajo como DP de un portafolio de renta fija, por las limitaciones que le impone el gobierno del país para el cual él trabaja. 

El punto de este señor que maneja este fondo inmenso es el siguiente. Por ley, este personaje tiene que mantener el 75% del fondo invertido en papeles que tengan una calificación crediticia AAA. El problema es que la mayoría de esos papeles del mundo se están moviendo a tasas irrisorias, cuando no son negativas. Por ejemplo el caso de Alemania, donde un bono de 10 años rinde en tasa solamente un 0,2%. Lo grave es que con una inversión al 0,2% usted, amigo lector, solo dobla su dinero cada 360 años. Por lo tanto, me decía este financista, que el DP de este fondo soberano ya no se considera a sí mismo un director de portafolio de renta fija, sino un especulador inmenso del mercado de monedas.

El otro punto que discutíamos es el hecho que los bonos de muchos países desarrollados estén rindiendo tasas negativas. Me comentaba este financista, con una impresionante claridad, lo siguiente: “Póngase a pensar, Alberto. Si la tasa de interés en un bono de 10 años de Japón es negativa, y se mantiene negativa, solo podemos llegar a una conclusión válida bajo los lineamientos del concepto financiero del valor del tiempo, y esa conclusión es que es más certero el futuro que el presente. Mejor dicho, que es más estable el futuro, que el presente”.

Mejor no lo habría poder explicar nadie, y el punto de este financista es que el movimiento a negativo de las tasas de interés futuras implica que los inversionistas deben “cubrir” su riesgo presente, porque ese riesgo es más alto que el riesgo futuro. Efectivamente, este concepto parece esquizofrénico.

Ambos coincidimos en que las tasas de interés negativas iban a obligar a la industria financiera a cambiar en forma radical, porque al fin y al cabo los clientes nos pagan a nosotros los que trabajamos en esta industria solamente si tenemos la capacidad de generarle retornos a los portafolios de los clientes. Por eso es que el futuro de las inversiones necesariamente volverá a tener que estar atada a la capacidad que tenga la ingeniería financiera de generar retorno de los pocos lugares donde aún hay retorno existente: los mercados emergentes.

Concluimos nuestra charla llegando a la misma conclusión. En el mundo actual, ¿cuál podría llegar a ser la génesis para que un inversionista profesional decidiera tomar la decisión de vender, por ejemplo, un bono en dólares de Ecopetrol o Petrobras? ¿Una crisis política, quizás? Muy dudable porque los inversores profesionales no reaccionan a los rumores o a los eventos coyunturales. La respuesta es clara: lo único que podría generar una obligación a un inversionista profesional de vender un papel que rinde mucho en US$ sería un evento de incremento agresivo en las tasas de la curva de rendimientos de EE.UU. Pero eso probablemente no va a pasar mientras Japón siga rindiendo tasas negativas. Mejor dicho, largo emergentes.