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La definición de la lógica económica

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Hace unos días Luis Guillermo Echeverry me invitó a participar como panelista en el primer simposio anual de Primero Colombia, evento que se enfocó en la innovación y la democracia. Quedé realmente fascinado con el impresionante libreto de gente que subió al podio. Carlos Alberto Montaner, Gloria Alvarez, Juan Carlos Hidalgo, Alberto Carrasquilla, Álvaro Uribe, entre muchos otros. El mensaje principal del evento fue, en mi opinión, que sin libertad económica no hay innovación, y sin innovación no hay democracia estable.

La conferencia me hizo recordar que tengo un trato con mis lectores, uno que por lo menos una vez al año publico este escrito: “Considero que es mi obligación moral hacer hasta lo imposible para que Latam avance en la implementación de un sistema económico que aplique los postulados que ha logrado aplicar el pueblo chileno. El populismo latinoamericano es una enfermedad que ha generado mucho retraso y desilusión y es labor de la gente responsable desvirtuar las mentiras con las cuales los demagogos obtienen votos. Esta columna se basa en un documental que vi hace años, en algún canal de TV. El documental básicamente se enfocaba en cómo ha evolucionado la sociedad Chilena, comenzando desde la época de Valdivia, para luego discutir la época de Allende, la represión derechista, y terminando con actual milagro económico y social.

La parte más interesante del documental fue la filmación de una discusión impromptu que tenían un grupo de estudiantes de secundaria. La maestra moderaba la discusión, y los alumnos opinaban apasionadamente sobre la política, la economía, etc. Obviamente primaba el típico discurso trasnochado de la existencia de una explotación elitista, de la necesidad de llevar a cabo una redistribución inmediata del ingreso, el discurso de la pobreza como la génesis inequívoca de la violencia, etc., etc.. Recuerdo, sin embargo, a un joven muy especial que me impresionó. Este muchacho, cuando le fue adjudicado su turno para dar su opinión, dijo algo semejante a: “y a donde queda el empresario? Acaso el dueño de la empresa no es el que nos está dando la posibilidad de trabajar?”

En mi opinión, el mayor logro de la historia económico-social de Chile ha sido el haber logrado subir el estatus del emprendedor dentro de la sociedad. El hecho de que la gente respete y admire el emprendimiento, incrementa el interés del joven de tomar las decisiones adecuadas para lograr crear empresa en el futuro. En Chile, el generador de empresa tiende a tener mejor “estatus” que el empleado. Suena controversial, pero la persona más importante de la sociedad es el emprendedor. Nos guste o no, el emprendedor sostiene la sociedad.

La admiración al emprendimiento es la razón por la cual cuando uno toma un taxi en “el golf” en Santiago, y toma Apoquindo con dirección a las montañas, en pocas cuadras llega al nuevo parque de negocios de la ciudad. Un parque repleto de edificios, entre ellas la nueva sede de LAN. Paso seguido dobla uno a la izquierda y entra en una autopista de varios carriles que no tiene nada que envidiarle a las de Alemania. En cinco minutos el taxi se sumerge en un túnel de varios kilómetros y de varios carriles que atraviesa la ciudad. Los carros que el taxi adelanta son todos nuevos y ecológicamente amigables. Nada de Chevrolets 1950.

Este es el milagro Chileno. Milagro que genera emprendedores que pagan impuestos. Y milagro que produce líderes como el antiguo presidente Ricardo Lagos, quien, recuerdo claramente, en una conferencia en Nueva York hace unos 15 años dijo lo siguiente: “mi objetivo como gobernante de Chile es asegurarme que cada niño en mi país tenga la opción y la capacidad, si así lo desea, de volverse el próximo Bill Gates del mundo”. Que delicia de mensaje. Y qué desgracia que aún la mitad del continente no lo entienda…” 
 

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