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Defendamos el libre comercio

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Considero tremendamente preocupante que se esté gestando en Colombia semejante nivel de animosidad para con los tratados de libre comercio. Preocupante que algunos de los candidatos y políticos de Colombia estén anunciando medidas proteccionistas en caso de que lleguen a ganar las elecciones o a través de sus plataformas de influencia. Muy preocupante que gran parte de la prensa le haga eco a todas las denuncias sobre la supuesta quiebra del campo y la industria por culpa del libre comercio, también que no haya una defensa vocal del libre comercio por parte de gente informada.

Estimados lectores. La industria de Colombia no está en recesión por culpa del libre comercio. Si eso fuera cierto, entonces ¿por que razón es que la industria de Brasil y Argentina están en recesión también, si esos países son completamente proteccionistas? Seamos honestos, la realidad es totalmente diferente. La industria no está creciendo bien porque no hemos hecho lo suficiente para mejorar la competitividad del país y porque los industriales no le han sacado provecho a todas las oportunidades que presenta tener acceso al mayor mercado de consumo del mundo. 

Hace un par de semanas el semanario The Economist publicó un artículo muy crítico sobre la economía de Brasil. Ese artículo se puede calcar para el caso Colombiano.  El semanario discutía, entre otras cosas, las inmensas falencias que tiene Brasil en infraestructura, pues ese país solo invierte 2,2% de su PIB en infraestructura, comparado con 5,1% (promedio) de los países emergentes. A pesar de que la administración Santos ha incrementado fuertemente la inversión en infraestructura, gracias a que el presidente Álvaro Uribe le dejó el fisco arreglado al gobierno actual gracias a la implementación de la seguridad democrática y la confianza inversionista, lo cierto es que enviar un conteiner de Cali a Buenaventura continúa costando U$$2.000, comparado con los menos de US$500 que cuesta enviar ese mismo conteiner del pacifico colombiano a Asia emergente. 

El exceso de burocracia, la ineficiencia y corrupción atada al proceso de consulta previa con las comunidades, la corrupción en la contratación, y la falta de continuidad en los proyectos (ver, por ejemplo, los cambios a las especificaciones del proyecto de las autopistas de la montaña o las decenas de estudios que se han contratado para el metro de Bogotá) han demorado el desarrollo. Que Colombia tenga que desarrollar una política industrial de largo plazo es una idea totalmente bienvenida, pero no se puede patear el tablero y pensar que cerrando las puertas al comercio externo vamos a poder acabar con la pobreza. 

Lo mismo se puede decir de la agricultura. Si uno lee la prensa o escucha a los exponentes del Polo Democrático, uno llegaría a la conclusión inequívoca de que la industria avícola está quebrada en Colombia por culpa de la importación de pollos. La realidad es totalmente distinta: del total del consumo de pollo en Colombia, solo 2,5% es importado. Mejor dicho, 97,5% del pollo consumido en Colombia es producido localmente. Por el lado de los lácteos, la mayoría de la gente dice que los TLC van a acabar con la industria lechera de Colombia. El Presidente de Nestlé, que compra 150.000 litros de leche diarios a los campesinos, piensa que el problema real del sector es el contrabando que viene desde Venezuela. 

Muchos dirigentes de izquierda también piensan que Colombia tiene que “renegociar” sus TLC para que el país deje de importar cereales. Ahora, la pregunta es por qué se da esa importación. Y la respuesta es muy sencilla: la voluntad de Dios. Por qué razón Colombia está en el Ecuador y no en el hemisferio norte o sur. Pues porque así lo quiso Dios. Ahora, si Colombia está en el Ecuador, pues entonces no hay estaciones y los días son igual de largos todo el año. Argentina y EE.UU. son grandes productores de granos porque la luminosidad de esos países es mayor, pues durante el verano los días son más largos, hecho que ayuda a acelerar el crecimiento de los cereales (implica una mayor productividad). ¿Debemos condenar a la quiebra a los productores de flores de la sabana de Bogotá para proteger a los cultivadores de cereales, a sabiendas de que la productividad de esos cultivos es muy baja en Colombia? 

El camino al desarrollo es tortuoso. Pero Colombia tiene que decidirse. O el país continúa en la senda de acoger la modernidad, comerciando más con el mundo, así como Chile y Perú, o nos vamos por el camino del proteccionismo, la devaluación, y la escasez. No hay caminos alternos. Dios quiera que no nos equivoquemos.

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