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Analistas 25/09/2021

Turismo regenerativo

Adriana Gutiérrez Ramírez
Gerente de Bloom Ecoworking

Llámese cambio generacional, síndrome del viajero post pandemia, nuevos hábitos de consumo, estilo de vida o volver al origen, sea como sea, el turismo regenerativo hoy en día más que un deber es una obligación para todos los viajeros y padres de familia del Info. Afortunadamente hay quienes disfrutamos de esas “obligaciones” de tipo sostenible para quienes nos es placentero actuar en concordancia.

Mucho se habla del llamado que tenemos como sociedad a dejar un mejor planeta a las futuras generaciones, y eso lo vemos tan inalcanzable que nos paralizamos al momento de actuar. Pero si lo trasladamos al turismo, una simple acción como dejar el lugar que visitamos mejor de como lo encontramos, lo que sucede de manera exponencial con cada visitante, el cambio que alguna vez vimos tan inalcanzable ahora sí sería posible.

Sin embargo, me asalta la duda tras un post que vi hace poco en el que se menciona que no se trata de dejar un mejor planeta a nuestros hijos, sino mejores hijos al planeta, y eso en realidad está cargado de mucho sentido e invita a reflexionar.

Ahora, si volvemos al sector turismo, podríamos cuestionarnos sobre, ¿qué clase de turista le estamos dejando al planeta? ¿cómo nos comportamos en un paseo con nuestros hijos?, ¿qué mensaje le queremos dejar de la experiencia?, ¿apoyamos al productor local o consumimos en cadenas de restaurantes o boutiques internacionales? Apoyar al artesano o al agricultor además de que disminuye la huella de carbono, genera empleo y reactiva la economía de la región… pero ¿qué pasa con esos papás que van a la playa y entierran las sobras de comida bajo la arena, y además arrojan las botellas y latas al mar?

Ya hay islas y lugares en el mundo que han comenzado a cerrarse como destinos turísticos aún sabiendo lo importante que es para su economía, pues los efectos han sido devastadores no solo en lo ambiental sino en lo social. El turismo “chancleta” que destruye y no aporta ya está empezando a ser rechazado en muchas partes y eso está bien… se requiere de un turismo sustentable desde lo ambiental pero sostenible desde lo social y eso empieza en casa, en algo tan simple como en cómo nos comportamos durante un viaje familiar.

La pregunta es muy simple señor turista que me está leyendo ¿Le gustaría viajar a un destino destruido? ¿Verdad que no? A menos de que queramos conocer ruinas arqueológicas y nuestro interés al viajar esté centrado en esto, pero en términos generales nunca buscamos un destino por su “feura”, buscamos algo exótico quizás o simplemente imaginamos vivir una experiencia increíble llena de fotografías y videos perfectos para publicar en redes sociales, cuyo recuerda permanezca imborrable en nuestra mente; o acaso ¿quisiera fotografiarse en un cerro de basura de plástico con peces muertos atrapados en su interior?

Aquí la gran paradoja del turista: buscar destinos perfectos para sus fotos sin importar las realidades socio ambientales que existen allí… la antítesis del buen turista, el turista indeseable, el mal ejemplo en pasta, el que no va a dejar ni el planeta, ni los hijos educados para llevar una vida sustentable y sostenible… como diría yo en las charlas con mis amigos cercanos: un turista degenerativo.