Analistas 03/01/2021

Economía colaborativa ¡Ahora sí!

Existe en nuestro país una suerte de pre y post economía colaborativa gracias a la pandemia, por influencias que tardan un poco para llegar a nuestro medio, entendiendo que el concepto como tal no es nuevo como parece, pues no es otra cosa que un intercambio de bienes y servicios, práctica que claramente no es novedad para la sociedad. Sin embargo, su alcance, auge y éxito ha supuesto un gran impacto con un acelerado interés en estos tiempos.

La actividad de intercambiar bienes y servicios se ha llevado a cabo desde tiempos ancestrales, aunque con un alcance más limitado de pequeña comunidad, vecindario o red de conocidos. Lo diferencial del movimiento en este siglo es su popularidad a nivel mundial, y el hecho de que conecta a personas de todo el mundo gracias a plataformas como Cabify, Airbnb, Uber y Rappi, que lo han hecho más tangible porque ayudan a comprender fácilmente este creciente fenómeno mundial, el cual mucha gente antes de la pandemia no veía como una verdadera revolución económica, y más por tratarse de una actividad tan básica que resulta hasta increíble. Asimismo, existen nuevas conductas sociales influenciadas por un propósito superior como son la economía circular y la sostenibilidad.

En otras palabras, se trata de entender el llamado a las buenas prácticas socioambientales, y que como ciudadanos podemos hacerlo a partir de la posibilidad de compartir la propiedad y/o usufructo de vehículos, viviendas, oficinas, bicicletas, ropa, comida y salud por ejemplo. Sin duda, la pandemia nos llevó a entender que no podemos seguir consumiendo de manera infinita en un planeta finito, y que muchas de nuestras actuaciones no solo están impactando de manera negativa al medio ambiente sino a la sociedad. Nuestros modelos económicos actuales son lineales, y ya hay ciudades como Amsterdam que están implementando la economía circular.

Este tipo de comportamientos que no han sido propios de la cultura y mucho menos la economía colombiana, son hoy dinámicas globales de las que gracias a la tecnología y lo que ha generado la pandemia en términos de comportamientos de las personas, difícilmente nos podemos abstraer, entendiendo esta nueva dinámica como bastante positiva para la sociedad y el planeta, siendo algo que lo que los actores implicados debemos comenzar a incentivar para que no se quede en una moda rápida que debamos lamentar a futuro.

Atrás comienza a quedar la idea de que son patrones de consumo propios de un estilo de vida “pobre” y falto de clase, aquel que llevan esas personas que tildamos de “locas”, hippies o nómadas, que recorren el mundo ligeros de equipaje, que usan estas plataformas para buscar hospedaje, transporte y alimento y no “gastan” sus ahorros en moda rápida o en un vehículo para usar poco. Este cambio de mentalidad se ha visto acelerado en nuestra cultura gracias a la pandemia, convertido en un modelo económico retador que busca la prosperidad para todos los seres humanos y el bien común.

Las nuevas generaciones no desean invertir grandes sumas en la adquisición, pues prefieren arrendar y/o compartir con otros, porque son unos convencidos de los beneficios que ofrecen lo alternativo y colectivo, y comenzando a tocar las puertas de profesionales y emprendedores en términos de espacios de trabajo colaborativo.

Sin duda, la economía colaborativa pareciera en principio un poco contradictoria con el tema del covid 19, en el que justamente se busca mantener las distancias, pero bastante aplaudida en términos económicos y ambientales. Un modelo que también empieza a sufrir sus adaptaciones dadas las condiciones sanitarias pero que sin duda se impone con fuerza en la post pandemia.