Analistas 26/08/2020

La cultura en la pandemia

Conduele la grave afectación que la pandemia le ha causado al mundo de la cultura, de la gastronomía, de los espectáculos. Restaurantes cerrados, conciertos cancelados, librerías camino hacia la ruina definitiva, galerías con sus persianas abajo, demostraciones artísticas callejeras prohibidas, temporadas de ópera indefinidamente aplazadas y muchas otras manifestaciones culturales (como los carnavales), cuyo futuro es hoy incierto, se constituyen en un duro golpe para nuestra sociedad.

En las últimas décadas, Colombia ha experimentado un avance significativo en materia cultural. Desde siempre, he aplaudido la existencia del Ministerio de ese ramo, que fue creado en la década de los 90 y que, a pesar de sus limitaciones presupuestales, ha hecho una gestión maravillosa, en materia de promoción de nuestros talentos.

La curva de la pandemia nos ha obligado a experimentar una serie de situaciones que ni el más avezado de los autores de ficción hubiera previsto. Un país entero confinado, sometido a una suerte de presidio cuyo gendarme es un microscópico pero letal virus, tuvo que cambiar sus hábitos y sus prioridades. Ahora, estamos compitiendo en una carrera de supervivencia, haciéndoles frente a graves dificultades económicas sin tener un panorama definido, y lo que pudiera ser un espacio de esparcimiento y un mecanismo de desfogue de la angustia que nos embarga, como sería la vida cultural, también está en suspenso.

Algo que hace tan solo seis meses era normal, como salir en familia a almorzar o ir a una función de cine, hoy es un imposible fáctico. Entiendo y comparto que, en aras de proteger la salud de los ciudadanos, se impongan estrictas medidas de bioseguridad; aunque ello no significa ni justifica llevar a la ruina a todo un sector fundamental de la sociedad y de la economía. El valor tangible de la cultura es inconmensurable; pero aún mayor es el aporte intangible que esta hace a la vida de la Patria.

Las noticias dan cuenta a diario del cierre de restaurantes, y de los angustiosos llamados que hacen los artistas para volver a sus actividades profesionales. Pero también celebro la actitud de muchos, que no se han cruzado de brazos y se han inventado mecanismos para acomodarse a las nuevas realidades. En Barranquilla, por ejemplo, a partir de esta semana, se pondrá en marcha el proyecto “Teatro La Sala”, que será una puesta en escena virtual, transmitida gratuitamente a través de las redes sociales. Las funciones, que cuentan con el apoyo del Ministerio de Cultura, serán un bálsamo para quienes deseen gozar de ese esfuerzo profesional que, debo decir, merece todo el aplauso y apoyo posibles.

Pero se necesita mucho más. El Gobierno Nacional y los gobiernos departamentales y municipales tienen un desafío inmenso para evitar un cataclismo cultural en nuestro país. Mucho esfuerzo nos ha costado posicionar nuestras expresiones culturales como para dejarlas a la deriva. ¡Cuánto trabajo no le han dedicado miles de familias y de emprendedores a sus negocios de restaurantes y bares, como para que en un santiamén todo ese sacrificio se vaya por el foso!

Entiendo como nadie la problemática que nos aqueja, pero también soy consciente de que en momentos de crisis es cuando más imaginativos y recursivos debemos ser.