Decía en mi columna que las consecuencias económicas ocasionadas por la pandemia serían aún más funestas que el propio virus que tiene en jaque a la humanidad. La crispación social se manifiesta de todas las formas posibles. En los Estados Unidos, país duramente castigado por el covid-19, con más de 2 millones de personas contagiadas y acercándose a los 120.000 fallecimientos causados por el virus, el desempleo -aunque ha empezado a dar muestras de recuperación-, llegó a niveles que no se registraban desde la depresión del año 29, del siglo pasado.

A la crisis económica, se sumó la revuelta popular por la muerte de George Floyd. Ese incidente encendió una hoguera que ha sido imposible de mitigar. Por primera vez en la historia de los Estados Unidos, los alcaldes de las ciudades más importantes, se han visto forzados a decretar sendos toques de queda para evitar que las noches se conviertan en momentos propicios para el vandalismo.

Estados Unidos es nuestro principal socio. Desde la entrada plena del TLC, el intercambio comercial con ese país ha sido dinámico. Empezamos con una balanza comercial superavitaria de poco más de US$8.000 millones en 2012, a una deficitaria en US$600 millones, según la última medición del Dane.

Lo que yo he llamado “el estartazo” de la economía colombiana, aunque depende muchísimo del comportamiento de los Estados Unidos, tiene que darse ya mismo, explorando todas las alternativas que estén a nuestro alcance.

No podemos cruzarnos de brazos, a la espera de que aparezca el genio que descubra la vacuna contra el covid-19. Tenemos que reactivar nuestras industrias, entre ellas la petrolera. Desde mediados del año pasado, quedó listo el protocolo que regula la puesta en marcha de los planes pilotos para la extracción a través de la estimulación hidráulica o fracking. No entiendo por qué la ministra de Minas no ha dado vía libre para su implementación. La caída del precio del barril nos llegó en el peor de los momentos. Con pocos ingresos por concepto del petróleo, sumados a una caída de 2,1% en la extracción, nuestra caja está preocupantemente lesionada.

Recuerdo vivamente que, en 2010, cuando culminaba el gobierno del presidente Uribe, Colombia estuvo cerca de extraer un millón de barriles al día. Hoy, estamos en un promedio de 873.000. Si iniciamos la implementación del fracking, la producción subirá, como pasó en los Estados Unidos, donde se llegó a una cota de 12 millones de barriles diarios en el 2019. En los últimos 10 años, la producción en ese país, ha aumentado más de 40%.

Los ambientalistas ponen el grito en el cielo cuando se habla de fracking, y no han faltado los que proponen siembras masivas de aguacates Hass, como alternativa a la producción de petróleo y gas. Conozco el documento que traza los lineamientos de la extracción con fracturación hidráulica que elaboró un grupo de expertos y que fue oportunamente consignado en la presidencia de la República. Se trata de un proyecto sumamente riguroso y cuidadoso con el medio ambiente, motivo por el que sigo sin comprender el silencio que al respecto ha guardado y sigue guardando la ministra María Fernanda Suárez.

Este no es un tiempo para la “corrección política”, sino para la decisión responsable y contundente de rescatar a nuestra economía.