Analistas 08/04/2020

El renacimiento colombiano

A mediados del siglo XIV, Europa padeció el rigor de la mortal peste negra, que, según algunos historiadores, acabó con la vida de la mitad de la población de aquel continente. La enfermedad, que en la época fue catalogada como un castigo de Dios, además del impresionante número de víctimas fatales, hizo trizas a la anquilosada economía de la Edad Media. Una de las peores consecuencias de ello fue la suspensión del comercio por el principal corredor que conectaba a Europa con Asia: la ruta de la seda.

La humanidad siempre ha tenido la reciedumbre para sobreponerse a los desafíos que le ha planteado la naturaleza. El Renacimiento fue la consecuencia de ese despertar que observó el planeta Tierra, que tuvo la fortaleza para ganarle la guerra a la peste maldita.

Hago esa breve referencia porque me temo que no hemos ponderado las consecuencias que arrojará el coronavirus. Además del dolor que nos produce la muerte de los que han perdido el pulso contra el virus, está la debacle de la economía global. Como dije en pasada columna, peor que la pandemia será la pospandemia.

Lo anterior me estimula para insistir en un replanteamiento absoluto de nuestro modelo económico. Colombia tiene una maravillosa oportunidad, una vez cese la horrible noche, para convertirse en un polo de atracción de inversiones.

El mundo libre tiene el deber moral de repensar sus modelos productivos de cara al renacimiento que indefectiblemente experimentaremos. Colombia ocupa un lugar geográfico inmejorable, tenemos un talento humano envidiable y altamente competitivo, gozamos de unos valores agregados que nos ponen por encima de la media regional. Así las cosas, haciendo ajustes legales y tributarios necesarios, nuestro país tiene ante sí mismo una espléndida oportunidad para convertirse en el puerto de llegada de industrias que hasta ahora han estado afincadas en China.

Uno de los aspectos que espanta a los inversionistas es la insoportable inseguridad jurídica de Colombia. Debemos acabar de una vez y para siempre con la nociva costumbre de adelantar reformas tributarias indiscriminadamente. Tenemos que pensar en la generación de empleo con estándares de dignidad y de estabilidad. Y aquello se logra a través del establecimiento de grandes empresas que se sientan cómodas y seguras en nuestro país.

Las actitudes alcabaleras, que son tan comunes en los ministros de hacienda, solucionan temporalmente los problemas de caja de los gobiernos, pero son la causa por la que los inversionistas descarten a nuestro país como un destino ideal para sus proyectos industriales.

Sospecho que la economía colombiana -y la del mundo entero- entrará en una etapa de depresión. Pero en algún momento llegará la reactivación y, cuando aquello ocurra, Colombia debe estar preparada normativamente -con bajos impuestos y una buena oferta de mano de obra, entre otros aspectos- para recibir los capitales que quieran afincarse en nuestro territorio. Ese será, sin duda, nuestro muy necesario y merecido renacimiento.

La ñapa: Cuando llegue el momento de hacer la evaluación de lo ocurrido con ocasión de la enfermedad que hoy tiene aterrorizada al planeta entero, irreductiblemente se posarán los ojos sobre China. Todo indica que el régimen dictatorial de Xi Jinping ocultó información, no dijo la verdad y no lanzó oportunamente las alertas.