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Colombia: un Tigre latinoamericano

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Abelardo De La Espriella Director general DE LA ESPRIELLA Lawyers Enterprise

La posguerra obligó a que los países afectados por la confrontación bélica se reinventaran. Y el resultado, en la mayoría de los casos, fue exitoso. Gracias a proyectos colosales como el Plan Europeo de Recuperación -conocido como el plan Marshall-, el Viejo Continente volvió florecer: Alemania, Francia y Gran Bretaña resurgieron de las cenizas.

En el Pacífico, donde la guerra dejó grandes estragos, muchos países no tuvieron alternativa distinta de la de salir adelante por sí mismos. Quiero referirme puntualmente a los cuatro Tigres asiáticos: Corea del Sur, Singapur, Taiwán y Hong Kong.

Suscrita la rendición incondicional del Japón, vino el proceso de recuperación económica de los estados asiáticos cuyos aparatos productivos estaban desvencijados. Corea del Sur, que en 1945 era un país eminentemente agrícola, se la jugó a fondo por el desarrollo, valiéndose de la alta capacidad de su talento humano. Similar camino adoptaron Singapur, Taiwán y Hong Kong (a diferencia de Colombia, aquellos países -o territorios-, tienen ostensibles limitaciones geográficas. No obstante, resolvieron apostarle a la atracción de capitales para el establecimiento de industrias en zonas francas).

El propósito consistía en estimular el crecimiento no a través del recaudo fiscal, sino de la generación acelerada de empleo. En pocos años, aquellos países se convirtieron en colosos de la industria y el comercio internacional, hasta el punto de ser reconocidos como los Tigres o Dragones asiáticos.
Una vez superemos el desafío al que estamos haciéndole frente como una nación, necesariamente tenemos que repensar nuestro modelo económico y ello incluye la visión de desarrollo que queramos darle a Colombia.

Sería ingenuo pensar que la pandemia no tendrá mayores consecuencias económicas. Lamentablemente, además de las víctimas mortales de esta terrible enfermedad, muchas empresas no tendrán manera de recuperarse. Es cierto que, a finales de este mes, posiblemente el país empezará a reabrirse, lo que no significa que la actividad económica se reactivará de manera automática.

Ante los grandes aprietos, se requiere de audacia y decisión. Tenemos todo para convertir a Colombia en una suerte de Tigre de Latinoamérica.
Con posibilidades portuarias tanto en el Pacífico como en el Caribe y unos antecedentes interesantes -pero no suficientes- en materia de zonas francas e industrias generadoras de empleo, como las que se establecieron a través del denominado Plan Vallejo, este es un buen momento para proyectar y aprobar las normas necesarias para hacer de nuestro país, como lo decía en mi columna de la semana pasada, un puerto seguro para grandes modelos inversionistas.

Debemos sobreponernos a la desolación que ha dejado el coronavirus. Que la tristeza no nos embargue ni nos paralice. No será fácil ni rápido el despertar de nuestro país, pero necesariamente debemos asumir esta situación no como una tragedia, sino como una inmejorable oportunidad para posicionar a Colombia como un polus seguro que atraiga la mirada de nuevos capitales.
Con estabilidad jurídica, bajos impuestos, seguridad física, sumado a la maravillosa capacidad laboral de los colombianos, nuestro país tendría las condiciones para constituirse en un Tigre.

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