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En los últimos días, hemos sido testigos del lanzamiento del Cybercab por parte de Tesla, un vehículo sin pedales ni volante, que promete acelerar la carrera por la conducción autónoma; hemos presenciado cómo la inteligencia artificial agéntica, aquella capaz de planificar y desarrollar tareas de forma independiente, se ha extralimitado al punto de, presuntamente, capturar un sitio web de un tercero; y hemos asistido al lanzamiento del telescopio espacial, Nancy Grace Roman, de la Nasa, que estudiará más de 1.000 millones de galaxias.
Toda esta innovación y disrupción tecnológica, que hace unos años habría sido catalogada como ficción, se ha convertido en la nueva realidad de las personas y las empresas. Cada vez es más evidente que las dinámicas productivas y los entornos laborales que conocemos al día de hoy están a punto de experimentar una transformación tan vertiginosa como desconocida.
Sin embargo, pese a todo ese cambio, existen habilidades que no solo mantienen su vigencia, sino que, indistintamente del escenario, aumentan su relevancia y la pertinencia de aprenderlas. Una de estas es el liderazgo, entendido como la capacidad cultivada para dirigir e influir en los demás, que, en lo que respecta al ámbito profesional, sigue probando su eficacia para alcanzar objetivos, tener más competitividad y, sobre todo, crecer sosteniblemente.
De hecho, es tal su relevancia que, según la firma de consultoría, Amrop Colombia, más del 70% de las organizaciones en Latinoamérica reconocen que sus retos actuales necesitan de un liderazgo con mentalidad global, habilidades digitales y enfoque humano.
Esa estadística contrasta con que, al mismo tiempo, el 41% de los líderes siguen sin cumplir con estas nuevas expectativas; lo que evidencia que, más allá de las tendencias tecnológicas o la volatilidad de las industrias, el mercado sigue demandando esta habilidad como el vehículo por excelencia para anticipar cambios, capitalizar oportunidades y preservar una propuesta de valor actual.
Con esto dicho, desde Westfield Business School, como escuela de negocios americana que fomenta el liderazgo como factor diferencial, creemos que esta habilidad debe impulsarse como elemento transversal a la formación de cualquier profesional que aspire a posiciones estratégicas, en las que se tomen decisiones y se influencie el rumbo de una organización.
Más que una aptitud deseable o una cualidad innata, el liderazgo debe asumirse como un componente de eterna incubación, que exige autoconocimiento, reflexión, consciencia emocional, buena comunicación y, especialmente, aprendizaje permanente.
Por todo lo anterior, y con la intención de que no se menosprecie esta habilidad entre tanta especulación por cuenta de la tecnología, vale pena concluir con que el liderazgo, pese a tener nuevas exigencias y aproximaciones -sobre todo de cara a las nuevas generaciones-, sigue probando ser una habilidad sin fecha de vencimiento.
Cambiará la forma de usar Excel, de elaborar presentaciones o de analizar datos, pero, mientras la variable humana esté de por medio, liderar será un ejercicio imprescindible del hacer empresa y emprender, de articular capacidades, de fidelizar talentos y de aprovechar los recursos disponibles. Liderar ha sido, es y será el secreto de quienes entienden el cambio y avanzan gracias a él.
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