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ALTA GERENCIA Convierte el caos en tu mejor aliado profesional
miércoles, 29 de enero de 2014
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Ripe

Los sucesos inesperados que rompen la rutina son un acicate profesional y empresarial que fomentan la innovación y la creatividad. Podrás gestionarlos si pierdes el miedo a explorarlos.

Vivimos en un mundo en el que el adjetivo “inesperado” se ha convertido en un término habitual. Lo aplicamos a catástrofes naturales, a contratiempos económicos y sociales… Es evidente que la incertidumbre nos rodea y nos golpea. Sin embargo, como explica Magnus Lindkvist en su libro Cuando menos te lo esperas, “el problema es que en una sociedad acostumbrada a controlar y entender todo, tememos y detestamos lo inesperado porque sacude nuestras emociones y amenaza nuestro equilibrio”. Por eso, este experto en gestión empresarial defiende que debemos esforzarnos por encontrar el lado positivo de la incertidumbre.

Adiós a la zona de confort

Montse Ventosa, presidenta de Fundación Truthmark, nos recuerda que “los seres humanos solemos apalancarnos en nuestra zona de confort. La rutina se convierte entonces en un hábito negativo porque frena el crecimiento y el desarrollo. Hay que aprender a ver el lado positivo de las situaciones de incertidumbre y de caos que nos obligan a salir desde el círculo de falsa seguridad hacia la zona de aprendizaje en la que se crece, donde es más fácil ser feliz y donde se puede llegar a alcanzar el éxito”. 

En el ámbito laboral el desconcierto ocasiona que los empleados rindan menos o que rebajen la calidad de su trabajo. Por eso Lindkvist insiste en que lo primero es aceptar que, queramos o no, las cosas sucederán. Una vez que se consigue dejar atrás el miedo paralizador, Pilar Jericó, presidenta y socia de Be-Up, explica que “es posible sacar partido a la incertidumbre si la convertimos en un acicate para emprender iniciativas nuevas.

Y para lograrlo hay que comenzar por hacer cosas distintas todos los días. Por ejemplo, no regresar por el mismo camino a casa, hacer un informe de forma diferente… En el fondo, es buscar los retos anticonfort y llevarlos al día a día”.

Para convertir la incertidumbre en éxitos personales y profesionales es fundamental definir qué es inesperado y qué no, porque la percepción de las cosas es muy diferente de una persona a otra. Lindkvist anima a desmitificar lo desconocido y descubrir el poder de lo raro. Insiste en que lo extraño no tiene por qué ser malo, “pero antes de descartarlo y tacharlo de negativo hay que explorar todas sus posibilidades”.

Esta tarea no es posible si no nos conocemos a nosotros mismos. Ventosa opina que cualquier profesional puede aprovechar lo raro o lo diferente para desarrollar su impulso creativo, pero en ese camino es esencial saber cuáles son las propias fortalezas y áreas de mejora y aceptar ambas. Eso nos sitúa en un espacio vital en el que innovar es la opción más natural.

El poder del conflicto
Las empresas tienen mucho que decir en el aprovechamiento de la incertidumbre. Lindkvist defiende que la certidumbre es enemiga de la innovación: “Nos ponemos una venda en los ojos que hace que no contemplemos otras alternativas de hacer las cosas. Para que esa venda caiga, los directivos tienen que aprender a utilizar el conflicto y la inseguridad como herramientas de dirección”. No significa sembrar la discordia en el equipo y generar un mal ambiente de trabajo.

Es fomentar los puntos de vista diferentes. Crear un ambiente distendido, en el que se permita el error y donde se cuestionen abiertamente los procesos y hábitos de trabajo. Así es cómo se diluye la apatía y los miedos y se fomenta la participación. Porque “la creatividad nace de un conflicto entre lo que existe y lo que podría haber.

Por ello, ante un problema es bueno comprenderlo como una invitación a buscar nuevas soluciones”, recomienda Jericó.

Controla las trampas de la ansiedad
Cuando hablamos de incertidumbre casi automáticamente pensamos también en ansiedad y, sobre todo, en sus efectos más negativos. Sin embargo, Fernando Botella, CEO de Think & Actions, explica en su libro ‘¡Atrévete!’, que existe una ansiedad necesaria que cumple una función positiva: poner en marcha en nuestro organismo los mecanismos que nos ayudan a afrontar con éxito cualquier proceso vital.

El problema es vivir con la ansiedad negativa. Botella dice que, a menudo, ésta es producida por un error de pensamiento que desdibuja la realidad creyendo que hay un peligro que te amenaza cuando en realidad no es así y lo único que consigue es bloquearnos y aumentar nuestra desazón.

La visión negativa del futuro inminente es la que hay que aprender a controlar y, para ello, es fundamental reconocer las trampas que nos tiende:

-Miedo a lo desconocido. La interpretación negativa de lo que está por suceder genera un miedo que nos descontrola, y entonces la ansiedad actúa como un mecanismo de defensa que nos pseudo-ayuda a huir de esa incertidumbre.

-Insatisfacción permanente. Nos fijamos metas y expectativas muy exigentes. Es cierto que la ambición es necesaria para progresar, pero es esencial controlarla.

Somos nosotros los que tenemos que dirigirla y no al revés.

-El apego. La incertidumbre que genera la pérdida de algo o de alguien es uno de los mayores provocadores de ansiedad. El miedo a que se rompa lo que conocemos y con lo que nos sentimos cómodos aumenta la inseguridad.

-La hiperactividad. Somos animales multitarea. Estar en continuo movimiento, sobre todo nuestra mente, es un generador de inquietud. Nos hace sentir como hombres orquesta y creer que podemos abarcar todo. Sin embargo, lo único que conseguimos es hacer las tareas a medias y que aumente nuestra tensión interior.

-La obsesión por el control. Necesitamos estar seguros de todo. El perfeccionismo provoca inseguridad y también genera postergación, porque creemos que todo tiene que estar bajo nuestra supervisión y no delegamos en nadie. Consideramos que la pérdida de control nos hace vulnerables.