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Las minigranjas solares crecen con fuerza en Colombia, pero enfrentan retos para sostener su expansión
El crecimiento de las minigranjas solares en Colombia está redefiniendo el panorama energético del país. En apenas tres años, se pasó de cuatro proyectos en 2023 a 151 en marzo de 2026, según datos del operador del sistema XM, una expansión que confirma el papel cada vez más relevante de la generación distribuida dentro de la transición energética.
Este modelo, basado en pequeñas plantas que generan energía cerca de los centros de consumo, ha ganado terreno frente a los esquemas tradicionales. Su rápida implementación —que puede tomar solo meses— y su capacidad de reducir pérdidas en la red lo han convertido en una alternativa atractiva tanto para inversionistas como para usuarios, especialmente en regiones donde el servicio eléctrico ha sido más costoso o inestable.
Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. De acuerdo con reportes del sector, el número de minigranjas pasó de 4 en 2023 a 31 en 2024 y 72 en 2025, lo que representa un crecimiento cercano a 1.700% en ese periodo. Cada uno de estos proyectos puede alcanzar hasta 1 megavatio (MW) de capacidad instalada.

Este auge responde a una combinación de factores. Julio César Vera, presidente de Fundación Xua Energy, explica que ha sido clave “la promoción e impulso de las energías renovables como política pública por parte de los últimos dos gobiernos, en el marco de la transición energética”. A lo que se le suma el crecimiento de la autogeneración y la generación distribuida como mecanismos para lograr tarifas más eficientes, así como programas de inversión pública como Colombia Solar. Sin embargo, advierte que el desafío no es únicamente crecer: “El reto fundamental hoy y hacia el futuro no solo es el crecimiento de proyectos, sino garantizar que estos sean eficientes y sostenibles para los usuarios”, agregó.
El desarrollo de estas iniciativas no ha sido homogéneo en el territorio; la región Caribe y, en particular, La Guajira, se posicionan como las zonas con mayores ventajas. Según Vera, esto se debe a “su mayor potencial en materia de generación, mayores horas día efectivas” y a que son regiones donde los usuarios enfrentan altos costos y fallas en el servicio, lo que impulsa la búsqueda de alternativas más competitivas.
A medida que crece la participación de la energía solar, también aumenta el desafío de garantizar la estabilidad del sistema eléctrico. Al tratarse de una fuente intermitente, su integración requiere soluciones complementarias. “El avance de las energías renovables debe ir de la mano del desarrollo de otros proyectos que garanticen la estabilidad del sistema, como baterías o compensadores, e incluso otras fuentes que aseguren la energía firme”, explica Vera. En ese sentido, insiste en que la confiabilidad es el eje central del sector; los proyectos deben cumplir de manera constante, ya que, cualquier falla puede afectar la credibilidad del sistema.
El avance de las minigranjas solares evidencia un cambio estructural en la forma en que Colombia produce y consume energía. Más allá de las grandes infraestructuras, el país comienza a apostar por un modelo descentralizado, con proyectos más pequeños, cercanos al usuario y con impacto ambiental reducido. Sin embargo, su consolidación dependerá de que el crecimiento vaya acompañado de sostenibilidad, estabilidad y reglas claras que permitan mantener el ritmo de expansión sin comprometer la seguridad energética.
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