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Analistas 15/09/2026

Artistas en tiempos de reconstrucción

Yannai Kadamani Fonrodona
Exministra de las Culturas, las Artes y los Saberes

Hay momentos en que la fuerza telúrica obliga a los seres humanos a cambiar de preguntas. Después del terremoto, la intervención cultural en el departamento afectados no debería reducirse a cuánto cuesta restaurar los Bienes de Interés Cultural Nacional (BICN). En Chocó -ocho, apena-, sino a qué país cultural queremos ayudar a levantar sobre sus ruinas.

Resulta, cuando menos, una extravagancia de política cultural invertir primero en paredes patrimoniales mientras esperan pago quienes mantienen vivo ese patrimonio. Un BIC puede restaurarse con distintas fuentes de financiación; un artista independiente, con su espacio destruido y sin ingresos, no.

Quien haya navegado el San Juan o el Atrato, escuchado una chirimía en San Pacho o visto a los jóvenes bailar las nuevas tendencias del exótico sabe que el Chocó no cabe en ocho declaratorias.

Su verdadero patrimonio está en cerca de 135 espacios culturales -38 bibliotecas, 34 escuelas de música, 16 casas de cultura, 12 emisoras comunitarias- y al menos 543 agrupaciones artísticas y culturales que entre 2023 y 2026 acompañados por una política de descentralización recibieron $15.700 millones mediante el sistema de convocatorias públicas artísticas y culturales.

Hay que ampliar la idea de patrimonio, reparar los BICN, por supuesto, pero también pagar a quienes los llenan de vida; recuperar los Teatros, las casas de cultura, las bibliotecas y los espacios donde miles de jóvenes afrodescendientes e indígenas están inventando otra manera de contar el Chocó.

De lo contrario, podríamos terminar con iglesias, sedes de alcaldías, cárceles restauradas y una cultura en ruinas. Una postal impecable, pero sin quién la habite. El verdadero ecosistema cultural y patrimonial moviliza la economía de artistas, técnicos, productores, transportadores, diseñadores, restaurantes, artesanos, vendedores, gestores y emprendimientos.

Reconstruir el Chocó debería significar también garantizar que sus artistas puedan seguir viviendo de su oficio, que sus organizaciones culturales tengan condiciones para sostenerse y que los espacios independientes puedan recuperarse.

El Teatro César Conto Ferrer es un buen ejemplo de lo que puede hacerse cuando la memoria se entiende como una política pública de activación cultural y económica.

Después de años de abandono, deterioro y décadas de espera su recuperación no fue sencilla, problemas estructurales, filtraciones, fallas de diseño, retrasos y sobrecostos pusieron a prueba el proyecto. Pero la mesa de cultura del paro cívico del Chocó se negó a aceptar que un edificio fundamental para el futuro de Quibdó terminara convertido en ruina.

Hoy el Teatro César Conto registra cerca del 90 % de avance en su construcción y adecuación. La recuperación representó una inversión aproximada de $24.500 millones: $20.850 millones en ampliación, mantenimiento y terminación, y cerca de $3.647 millones en dotación especializada. Son 3.356 metros cuadrados, siete pisos, cuatro camerinos, platea, palcos, foso de orquesta, sistema de trampas escénicas y 308 metros cuadrados de áreas comerciales.

Entonces, el reto de la reconstrucción debe ser mantener la dignidad de vida de los seres humanos que conforman el ecosistema cultural, recuperar los espacios culturales públicos e independientes y sostener los programas que el Ministerio de las Culturas implementa en todo el país cultural: Sistema Nacional de Convocatorias, Formación Artística y Cultural en casas de la cultura, en espacios independientes, en Bibliotecas y sobre todo en colegios públicos; programas con inversión compartida del Estado, Universidades Públicas, cajas de compensación, organizaciones de base, empresarios por la educación; un país que en cuatro años empezó a entender que a través del arte también se reconstruye el país.

En el Chocó, el programa de formación artística y cultural garantiza la contratación de casi 300 artistas formadores, sabedores y portadores, y ofrece 59.649 cupos para niños y adolescentes en 152 establecimientos educativos de 31 municipios. La anterior administración dejó financiado el programa hasta diciembre de este año. Continuarlo es un compromiso ético con los territorios y con una política que ha ampliado, como nunca, el acceso a la formación artística.

Sería una paradoja, y una muy costosa, que, mientras se prioriza la restauración de catedrales y cárceles declaradas BICN, se deje de contratar y pagar a más de 4.000 artistas, que según las recientes mediciones de impacto del Ministerio muestran que, para al menos el 79 % de los artistas formadores, los recursos que reciben por sus actividades con el Ministerio de las Culturas representan cerca del 51 % del ingreso mensual de sus familias. Un país no reconstruye su cultura únicamente restaurando edificios, también y sobre todo pagando a quienes la hacen posible.

El Chocó necesita reconstruir la idea de lo que puede ser, por tanto, los chocoanos deben participar de su propia reconstrucción, diseñada y reinventada por lo que son. El Chocó no necesita que le expliquen que la cultura transforma, lleva décadas demostrándolo.

Lo que necesita ahora es que la reconstrucción también lo reconozca y que el Ministerio de las Culturas, la inversión pública y privada decida reconstruir teatros, bibliotecas y sostener casas de cultura, donde se reconstruye la dignidad humana.

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