La delincuencia organizada ya no quiere solo confrontar al Estado, prefiere suplantarlo, controlar, regular horarios, cerrar ríos, cobrar extorsiones, reclutar menores, decidir quién circula y quién no
Resulta preocupante aquella narrativa según la cual “la juventud ya no aspira a ingresar a la educación superior” y en la que el éxito parecería depender más de la visibilidad y la popularidad en redes sociales que del conocimiento.