Hay un punto que las juntas suelen pasar por alto: el deber de diligencia del buen hombre de negocios que la Ley 222 de 1995 impone a los administradores no admite la excusa de que la decisión la tomó una máquina
Gobierno y sector privado deben reconstruir esperanza y confianza con hechos: atraer inversión, convertir proyectos en obras, hacer viables más empresas y crear empleo formal