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EDITORIAL

¿Y cuál será la herencia del plan de desarrollo?

martes, 7 de febrero de 2023

‘Colombia, potencia mundial de la vida’ será la hoja de ruta del nuevo plan de desarrollo que debe identificar no solo acciones concretas, sino la herencia que dejará en los cuatro años

Editorial

Unos pocos planes de desarrollado de los últimos gobiernos nacionales le han dejado al país cosas concretas que puedan ser identificadas por las nuevas generaciones y que expliquen con elocuencia el valor de esta herramienta gerencial.

En 1958 a través de la Ley 19 se creó el Consejo Nacional de Política Económica y Planeación, y como dependencia de ejecución se dio origen al Departamento Administrativo de Planeación y Servicios Técnicos, con el objetivo hacer de la planeación una herramienta de transformación social; una idea etérea en un momento en que el país tenía poca formación política, mucha violencia, era rural, muy pobre y estaba lleno de carencias.

En 1961 el cuento de la planeación se fue volviendo realidad y desde entonces se han realizado 16 planes de desarrollo cuatrienales que son una suerte de hoja de ruta de las políticas públicas y un pilar para la economía del desarrollo. Hacer planes de desarrollo que evitaran la improvisación de los gobernantes de turno fue uno de los grandes legados olvidados del Frente Nacional, una suerte de repartija política que sacó al país de su estado de violencia y le permitió instalar una democracia en permanente construcción.

En ese momento, el primer plan hablaba de “volver a Colombia una pequeña potencia industrial, un país exportador y un productor en mercados competidos”. Hoy, seis décadas después, la administración de Gustavo Petro presenta su plan que se llamará ‘Colombia, Potencia Mundial de la Vida’, basado en cinco transformaciones: seguridad humana y justicia social; convergencia regional; derecho humano a la alimentación; transformación productiva internacionalización y acción climática; y el ordenamiento del territorio alrededor del agua y justicia ambiental. Un trabajo elaborado por el actual director del DNP, Jorge Iván González, quien ha diseñado seis niveles sobre los cuales se deberán adoptar las medidas para la reorganización o crecimiento de las ciudades, unas bases fundamentales para que el Plan Nacional de Desarrollo del próximo cuatrienio no se quede solo en una oficina en Bogotá, sino que tenga impacto de transformación regional.

Uno de los grandes problemas y fracasos de varios los documentos que le han antecedido es que el “el plan de planes” se elabora con los congresistas para repartir el presupuesto sin mayores aspiraciones de hacer evolucionar al país político y social. Desde los años 70, son muchos los títulos rutilantes que los presidentes le han puesto a sus planes: ‘Las cuatro estrategias’; ‘Para cerrar la brecha’; ‘Integración social’; ‘Cambio con equidad’; ‘Economía social’; ‘La revolución pacífica’; ‘El salto social’; ‘Cambio para construir la paz’; ‘Hacia un Estado comunitario’; ‘Desarrollo para todos’; ‘Prosperidad para todos’; ‘Todos por un nuevo país’; y ‘Pacto por Colombia, pacto por la equidad’, son los nombres que muchos le pusieron de afán y que no dejaron nada concreto; otros sí fueron bastante transformadores.

Ahora, el gobierno del presidente Petro debe llevar su plan al Congreso para que este lo apruebe y le dé los dientes que necesita la planeación para ejecutarse, pero son los distintos ministros quienes deben ejecutar la llamada hoja de ruta; lo que ha sucedido es que una vez aprobado el plan, cada uno coge por su camino, el importante trabajo se queda en los anaqueles del DNP. Aunque no sobra preguntar cuál será esa gran herencia.

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