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EDITORIAL Vacunar a los empleados es responsabilidad
jueves, 22 de abril de 2021

Las vacunas son un bien escaso, pero la creciente demanda está abriendo un mercado privado solidario que se convertirá en un caso empresarial de buen o mal manejo en los países

Editorial

Impedir que las empresas compraran vacunas fue una decisión acertada el año pasado, cuando las farmacéuticas solo le vendían a los gobiernos por el simple hecho de que se atravesaba por una pandemia y que no se podía generar una situación global en la que hubiese vacunación para los ricos, mientras los contagios y las muertes se ensañaban con los pobres. Pero igual sucedió así, mientras Estados Unidos y Gran Bretaña, entre otros casos, compraron más vacunas de las que necesitaban para sus gentes, otros países de la periferia del desarrollo tenían que esperarse a mecanismos fallidos como Covax, una suerte de Sisben en el concierto de las naciones. La situación hoy es muy diferente a la de diciembre y se cuentan más de dos docenas de multinacionales fabricando vacunas, lo que ha aumentado la oferta ante una demanda ya limitada por el finito número de países con capacidad de compra. Negarle en un comienzo a las empresas que compraran vacunas para regalar o comercializar quizá fue acertado, pero esa decisión impidió que los sectores privados de cualquier país -con más experiencia en la negociación internacional- no avanzaran en la vacunación. Es decir, haber obstaculizado que los empresarios colombianos más experimentados adquirieran vacunas al final del año pasado, ha hecho que el proceso de vacunación sea tan lento y errático, pues el Ministerio de Salud se aferró a un monopolio temporal que hoy solo ha logrado ponerle las dos dosis a menos de medio millón de colombianos. Si se hubiese dejado liderar a los empresarios, por lo menos la mitad de la población económicamente activa tendría una dosis y la reactivación sería una realidad, tal como ha sucedido en países en donde los dejaron comprar, como Chile, Nueva Zelanda o Israel. La suerte está echada y desde esta semana el sector privado colombiano tiene la pelota en su terreno de juego y debe empezar a comprar dosis para vacunar a sus empleados, poniendo en marcha programas de valor compartido, responsabilidad social y solidaridad para con sus empleados. Los gremios juegan un papel determinante, pues es mejor comprar grandes paquetes entre varias empresas que ir cada uno por su cuenta y riesgo. Las empresas más experimentadas en compras internacionales y que tienen profesionales expertos e idóneos en el tema deben colaborar con otras compañías medias y pequeñas, menos formadas en estos procesos de comercio global, para que todos los trabajadores formales sean vacunados. Por ejemplo, una compañía experta debe acordar con las pequeñas sociedades proveedoras las compras y negociar entre ellas, de tal manera que se genere una cadena solidaria que sea un ejemplo en la región. Esto debe funcionar de manera ejemplar porque Colombia es un país de grandes empresas locales que dominan muchos de los sectores estratégicos en la banca, los alimentos, el comercio, la industria y la construcción. Al igual que las multinacionales deben apurar en sus casas matrices para que compren y envíen las vacunas para sus empleados. Es un momento para mostrar grandeza y compromiso con el país, es más, ahora que se discute una reforma tributaria el Gobierno Nacional y el Congreso debería premiar a las empresas que compren y vacunen a sus empleados con una devolución de este dinero en forma de impuestos.

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