viernes, 28 de agosto de 2020

El Gobierno Nacional ha conseguido que la fiscalía y la procuraduría queden en afectos a su línea, ahora, a poco menos de dos años de mandato debe aprovechar y ajustar el gabinete

EditorialLR

La diferencia entre el sector público y el sector productivo es que los funcionarios de libre nombramiento y remoción tienen fecha de vencimiento, al tiempo que en la esfera de lo privado priman más los indicadores de gestión, metas y logros que les garantizan la continuidad. Para la alta gerencia de una compañía enfocada en la generación de valor, no hay alto en el camino porque dependen de sus buenos resultados, mientras que para un funcionario las cosas cambian en tiempos de elecciones y la continuidad sólo existe para los empleados de carrera administrativa, independientemente de un buen o mal desempeño. Los periodos en la gestión de lo público son de cuatro años, tiempo en el cual los funcionarios electos por voto popular se rodean de equipos para ejecutar planes de desarrollo y llevar a cabo acciones de beneficio común, al tiempo que trabajan con el legislativo para consolidar políticas públicas en pos del desarrollo, la disminución de la precariedad y alcanzar el bienestar social. La administración de Iván Duque ya pasó su meridiano y entró en los últimos 24 meses con un enorme bache en el camino llamado pandemia que le ha robado mínimo seis meses de atención y ha absorbido una buena parte de los escasos recursos del presupuesto, incluso llevando la deuda externa del país de un promedio de 43% del PIB, a un preocupante 50%. El Presidente y sus ministros se enfrentan a una situación compleja en términos de recuperación económica, pero rica en retos y en culminación de tareas asignadas. Es un éxito político haber logrado que afectos a su línea de pensamiento ocupen por los próximos cuatro años la Fiscalía General de la Nación y la Procuraduría General, dos instituciones fundamentales para la credibilidad del país. En ese movimiento de personas, se han generado huecos como es el Ministerio de Justicia que le brindan la oportunidad al Presidente para ajustar los ministerios; ojalá el nuevo jefe de esta cartera dure hasta el final del mandato y bata un récord de antigüedad en un ministerio en el que los ministros solo están año y medio.

De la atención prioritaria de la pandemia se va saliendo con más aciertos que errores y se ha dejado un sector de la salud en buenas condiciones para seguir enfrentando la emergencia que aún tardará varios meses en normalizarse. Ahora el reto está en lo económico y en resolver varias reformas en ciernes en las que hay que gastarse varios puntos de popularidad para sacarlas adelante, tales como las reformas laborales y pensionales. El desempleo es una realidad inocultable que viene de tiempo atrás y que se profundizó durante la pandemia; hay casi cinco millones de colombianos sin empleo que necesitan de una estrategia de choque para volver al mundo laboral y para lograrlo, la reactivación económica debe arrancar antes de que termine el año con un ambicioso plan detallado por regiones y por sectores, sin esta estrategia no se puede hablar de reforma tributaria, así esta sea aconsejada por expertos internacionales. Tal como sucede en el fútbol, entramos al segundo tiempo, el partido va empatado y hay que hacer cambios de jugadores para ganarle al desempleo y reactivar la economía. El Presidente siempre quiso ministros para los cuatro años de su gobierno, pero muchas veces los deseos no se hacen realidad o hay que cambiarlos por unos más realistas de cara a la situación.

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