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EDITORIAL Transmilenio a Eldorado, una bella necesidad
lunes, 7 de octubre de 2013
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El peor lunar que se alimenta en Bogotá es que el sistema de transporte masivo no se conecte con el nuevo aeropuerto

En menos de un mes, los concesionarios de Eldorado pondrán el servicio de casi 30 millones de pasajeros anuales en la nueva terminal aérea nacional. Recordemos que hace varios meses se puso en marcha el sector dedicado a la operación internacional. Enhora buena para la Capital y para todo el país, pues no es un gran hallazgo plantear que la puerta de Colombia es el aeropuerto internacional de Bogotá, que en los próximos años se contará entre los cien muelles de mayor tráfico de pasajeros en el mundo.

Ambas terminales son de categoría internacional y sin temor a exagerar, el país dio un salto de 30 años en adecuaciones de infraestructura. No sobra decir que el negocio de los aeropuertos en el mundo tiene cuatro componentes cruciales: el manejo de los pasajeros, que se resuelve con servicio al cliente; la manipulación de las maletas, que es un asunto de máxima logística; la administración de información, que se solucionan con sofisticada tecnología; y la terminal de aviones que está en manos de las empresas transportadoras y las autoridades aeronáuticas. En todos los aspectos, Eldorado se rajaba y se contaba como una de las terminales más caóticas del mundo. Eso ya es historia patria y a partir de la segunda semana de noviembre tendremos un ‘señor aeropuerto’, mejor que los líderes de la región.

Cabe anotar que Opaín, la empresa concesionaria, entregó las obras con meses de antelación; uno por puro negocio, pues empezará a percibir más ingresos con la nueva terminal y dos porque las cosas se hicieron bien de cara a la luz pública. Pero a Colombia siempre le faltan dos centavos para el peso, como dicta el refranero popular. El primer centavo es que la aviación militar y privada salga de la terminal para evitar colapsos y prioridades de seguridad. Recordemos que las torres de control aun son manejadas por al Fuerza Aérea, pues al lado de Eldorado queda Catam, el aeropuerto militar por excelencia. Una situación que no solo coarta el desarrollo físico del aeropuerto y otro atrasa muchos vuelos por prioridad militar.

Pero el centavo que más pesa es el Transmilenio  hasta Eldorado. Hay obras que no aguantan las cifras y está demostrado que extender el sistema de transporte masivo y conectarlo con el muelle aéreo no va a ser muy rentable, pues es menos de un kilómetro, pero hay que hacerlo por pura y simple estética, además de aumentar la calidad de vida para los casi 10.000 trabajadores que deben ir y venir al aeropuerto. Que Transmilenio llegue a Eldorado es una bella necesidad que no hay que retardarla más entre el Distrito, Opaín, la Aeronáutica Civil y el Ministerio de Transporte. Sería un lunar que se tornaría cancerígeno, no lograr conectar los más grande que ha hecho Bogotá en su historia reciente.

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